El miserable mundo moderno (Homilía)

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Homilía pronunciada por Mons. Donald Sanborn con motivo de la Festividad de Cristo Rey del año 2014.

Hoy en día estamos rodeados de confort, dinero y muchas otras cosas que hacen de la vida algo confortable. Sin embargo vivimos en un mundo bastante miserable y la razón de ello es que se ha divorciado de la Verdad, incluidas la verdades naturales, las verdades dadas por hecho, las verdades fundamentales de la moralidad, básicamente la decencia.

La Iglesia Católica, bastión inmutable de la Verdad.

Y con los mismos principios que ha corrompido vemos también a nuestra Fe corrompida en casi cada persona que conocemos. Vemos una fe falsa en las iglesias a las que tiempo atrás acudíamos, como si ese mundo, el de la verdad del catolicismo se nos hubiera desmoronado. La Iglesia Católica en edades pasadas era el bastión de la verdad inmutable y ahora la vemos reducida a un pequeño número. Y la razón de esta miseria en la que vivimos es el relativismo y el subjetivismo que infecta las mentes de la gente de hoy. Me explicaré.


Relativismo es afirmar que no hay una norma objetiva de verdad y que en cambio toda verdad es relativa dependiendo de la persona que crea en ella o la abrace. Este relativismo invade la ley y la religión. Ello hace que no haya normas objetivas morales sobre las cuales las leyes se fundamenten; ello hace que no haya dogmas absolutos o inmutables que obliguen a todos a adherirse; e igualmente esto hace que no haya un código de moral inmutable: no hay ley natural, causando que todo lo que hoy consideramos como malo pueda ser mañana considerado como correcto. Y así lo vemos en nuestra sociedad y Estados, uno detrás de otro, entregándose al matrimonio sodomita. Y contra esto no hay argumento debido al relativismo, debido a que la población está infectada por este relativismo que hace que no haya un código objetivo de moral. Todo se basa en lo que uno siente, en lo que uno quiere hacer.

El subjetivismo está en la base de este relativismo, ya que éste afirma que la verdad no consiste en la conformación de nuestro entendimiento con el objeto que se encuentra fuera de nuestra mente (esta es la definición tradicional de verdad), sino que sostiene que es la conformación del entendimiento con nuestra manera interior de organizar nuestras experiencias. Esto es filosofía moderna, así cada uno tiene su particular modo de experimentar interiormente las cosas, por lo que la verdad variará según la persona aunque todas serán consideradas como verdades. Así una cosa puede ser verdad para ti, pero no para mí. Esto es pensar y actuar según tu experiencia particular y percepciones. De esta forma alguien puede decir “el vicio antinatural es algo verdadero para mí” o que “la cohabitación o el adulterio son verdades para mí, yo creo que esto está bien”. Siguiendo estos principios no hay posibilidad de llevar la contraria. No puede haber un código moral que se pueda imponer a estas personas. Y poco a poco la moralidad se desintegra. Vivimos en un mundo repleto de vicio antinatural y estamos enfermos por él.

Hay algo profundamente enfermo en esta sociedad, algo perverso y extraño. Y esto es lo que hace que sea miserable. Relativismo y subjetivismo conllevan unas “virtudes” modernas, por así decirlo.

La primera de ellas es la “virtud” del liberalismo, que es la virtud moderna, entre comillas, que nos inclina a aprobar o aplicar todo sistema o doctrina que disuelve la norma objetiva de la creencia o de la ley moral. Y nada importa que algo quebrante las leyes de la moralidad y de la creencia, eso será bueno. El primer postulado del liberalismo es que el supremo bien del hombre es la libertad y por consiguiente, se deberá procurar siempre el ejercicio de su libertad y la ley solo deberá evitar que el hombre agreda a otro, pero todo lo demás -incluida la pornografía- debe ser permitido. Incluso la definición de ocasionar daño físico a otro puede variar dependiendo las reglas del subjetivismo. Fijaos en el aborto y en la eutanasia, que eran considerados homicidios en los años ’60. El aborto era algo por lo que podías ir a la cárcel si eras un médico y lo practicabas. Ahora es la norma. Pero claro “si está en tu vientre no lo puedes ver, no tienes ninguna experiencia de él, por consiguiente para ti no existe y no es un ser humano”. Y de la eutanasia dicen: “si ya no es útil, si es incapaz de interactuar de sonreír, etc. le deberías poner una inyección. Y luego tendrá lugar el funeral”. Las cosas cambian en este sistema.

Bajo la bandera del liberalismo llegaron: el divorcio y el volver a casarse, la cohabitación, la fornicación, el adulterio, la sodomía, los matrimonios sodomitas, pornografía, socialismo, comunismo, el gran gobierno, los impuestos asfixiantes, la manipulación del dinero por pequeñas élites, la diseminación de ideas falsas, la libertad religiosa, la separación Iglesia-Estado, la secularización y la democracia mal entendida. La Iglesia ante la democracia es indiferente si ello significa que la gente vote a sus candidatos y presidentes, lo que condena es la democracia entendida como el poder que reside en el pueblo y que todo poder proviene del pueblo. Para la enseñanza de la Iglesia, desde San Pablo, todo poder viene de Dios. Y a esta lista debemos añadir la falsa libertad de prensa, que supone libertad para decir de todo, incluida la blasfemia contra Dios y la Virgen Santísima; también la libertad de expresión, considerada erróneamente como el derecho de decir todo lo que uno quiera. Todo esto proviene de la “virtud” del liberalismo.

Luego tenemos la virtud, así llamada, de la tolerancia. Esta “virtud” implica que la persona acepte, por lo menos en el orden práctico, un pensamiento o actividad con el cual no esté de acuerdo. No importa cuán malvado o perverso considere una determinada cosa, sino que debe ser siempre tolerada. A veces oímos decir: “Yo nunca lo haré, pero no voy a objetar nada a quien quiera hacerlo”. Y así la tolerancia parece una virtud según la cual siempre es bueno tolerar algo, da igual lo que se tolere. Y se opone a la intolerancia, la cual debe ser considerada como un vicio. Por lo que si tú eres intolerante, eres malvado y despiadado. En esto consiste la mentalidad moderna. Te dirán que estás siempre juzgando.

Luego encontramos la “virtud” del pluralismo. Esta virtud, entre comillas, nos inclina a ver como un gran bien la mezcla de distintas ideas, actitudes y acciones morales contradictorias en cualquier situación o sociedad. Y a estas debemos añadir la religión. Oímos comúnmente como se elogia y se tiene por algo bueno la sociedad pluralista, donde no haya ninguna ley que nos exija dar culto a Dios de una determinada manera o que nos obligue a obedecer la ley natural. Porque es bueno que haya una gran mezcla en todas estas cosas que fingen ser buenas para la naturaleza del hombre y su salvación eterna. Por lo tanto, según el pluralismo, la coexistencia en la misma institución de muchos puntos de vista y contradictorios a la vez es considerado como algo bueno y saludable.

En dichas sociedades pluralistas encontramos a los liberales y a los conservadores. Ambos bandos creen en el pluralismo, ambos bandos creen que el opuesto tiene cierta validez y ambos bandos creen que el otro bando tiene derecho a expresar su punto de vista, no importa que contradiga lo que tú creas o digas. Esto es liberalismo y pluralismo. En un sistema así los conservadores sirven de agentes para ralentizar los avances de los liberales. Las personas que dirigen en un sistema así son en realidad los liberales, porque todos los principios están de su parte y los conservadores solo son unos liberales más lentos. Ellos creen que los liberales van demasiado rápido. Es como un tren con su coche de cola -muchos de vosotros sois lo suficientemente mayores para acordaros del coche de cola- que era siempre el último vagón del tren de mercancías. El liberal es la locomotora, que va el primero siguiendo las vías y luego le siguen los largos vagones de mercancías y por último el coche de cola, este es el conservador, que sigue la misma vía. Por ello los conservadores no hacen otra cosa que avalar siempre la agenda liberal, aunque aparenten ponerle freno.

Luego está la “virtud” del ecumenismo, que consiste en aplicar los principios del relativismo y del subjetivismo al dogma religioso. El ecumenismo es el enemigo del dogma. El único dogma en el ecumenismo es que no hay ningún dogma. Es pluralismo en la religión, pluralismo y religión que son dos cosas que se contraponen totalmente, porque Dios es completamente inmutable. Luego la religión debe ser algo inmutable puesto que los dogmas que profesamos son verdaderas descripciones de Dios y no pueden cambiar.

Y el ecumenismo es la causa de todos los cambios del Vaticano II y hemos visto todos los -ismos que os acabo de explicar en el reciente documento del “Sínodo”, según el cual deberíamos acoger a los sodomitas, tienen muchos dones que ofrecernos. También tendríamos que acoger a los que viven en cohabitación, fornicadores y adúlteros y les deberíamos dar la comunión.

Lo ha infectado todo convirtiéndolo en algo miserable, ya que nuestra mayor facultad es el intelecto. Y aunque estemos rodeados de todas las comodidades de la vida, cuando vemos esta contradicción con las verdades obvias y con las verdades de nuestra fe, nos volvemos en miserables para el mundo, porque debemos enfrentarnos las 24 horas del día con un mundo enfermo y enloquecido. Y odiamos vivir en él, mientras que anhelamos la corte celestial, donde hay orden, belleza, perfección y ley.

Por ello Pío XI viendo todo lo que se avecinaba estableció esta santa fiesta para todos estos errores. A Nuestro Señor cuando le preguntaron si era Rey respondió: “Yo soy rey. Yo para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad; todo el que es de la verdad oye mi voz”. Por lo tanto está enlazando su realeza con la verdad. El propósito de su Encarnación y de ser Rey es, pues, ser testimonio de la verdad.

Por ello tened cuidado con el tremendo poder de la cultura. Estoy seguro de que como católicos creéis y entendéis todas estas cosas que os estoy explicando. Pero una vez que salís al mundo de afuera, sois bombardeados por una cultura dominante embebida de todas estas cosas que os he descrito. Y la gente os obliga prácticamente a consentir cosas que no deberíais nunca consentir, ni vivir según estos principios corruptos. La cultura tiene una enorme influencia sobre nosotros, la respiramos cada día y debemos resistir cada tentación de ser liberales y pluralistas. Nuestra cultura debe ser católica, que es 100% antiliberal, 100 % antirelativista, 100% antisubjetivista, 100% antipluralista y 100% antiecuménica. Esta es nuestra cultura y debe ser custodiada.

El Papa León XIII decía a finales del s. XIX: “La salud universal reclama, pues, volver allí de donde nunca se debiera haber salido, es a saber, a Aquel que es el camino, la verdad y la vida, y no sólo cada uno en particular, sino toda la sociedad en común. Conviene que ésta sea otra vez restaurada en Cristo su Señor, y se ha de conseguir que la vida derivada de Él llene a todos los miembros y partes de la sociedad, y beban de ella las leyes y prohibiciones legales, las instituciones políticas, la educación, el matrimonio y la vida familiar, los negocios y el trabajo”.

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.