Homilía en la Fiesta de San Miguel Arcángel

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Homilía de la Fiesta de San Miguel Arcángel por D. Ugolino Giugni (IMBC), Oratorio de San Ambrosio, en Milán, 29 de Septiembre del 2019.

En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Celebramos hoy, queridos fieles, la fiesta de San Miguel Arcángel, una hermosa fiesta del calendario cristiano en la cual honramos y celebramos de una forma particular a este príncipe de la Corte celestial.

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Nosotros sabemos que los ángeles existen, es una verdad enseñada por la Iglesia. En el Credo, que recitamos todos los domingos, decimos:  credo in visibilia et invisibilia, creador de todo lo visible y lo invisible. Y, precisamente, entre las criaturas invisibles creadas por Dios encontramos a los ángeles. Es más, desde el primer libro hasta el último de la Sagrada Biblia -desde el Génesis hasta el Apocalipsis- se nos habla repetidamente de los ángeles. Es por ello que la existencia de los ángeles es una verdad de fe revelada. Y vemos como tantas veces han intervenido en la historia de la salvación del género humano. A su vez, el culto a los ángeles es una devoción muy antigua en la Iglesia, como el culto a los santos, que encontramos ya, de alguna forma, en el Antiguo Testamento. En particular el culto a San Miguel Arcángel, pensemos en tantos lugares como el Santuario a San Miguel en Normandía, la Sacra de San Miguel cercana a Turín y el más famoso y que celebramos hoy es el de la advocación del Monte Gargano. El nombre de San Miguel significa ¿Quién cómo Dios?, el defensor de los derechos de Dios, el protector de los fieles, protector universal de la Iglesia y príncipe de las milicias celestiales. San Miguel representa el grito de guerra de Dios contra todo aquél que quiere hacerse semejante a Dios. Los padres de la Iglesia cuentan que cuando Lucifer se precipitó, rebelándose contra Dios con el grito de la revolución “Yo no os serviré”, quien se lanzó en defensa de los derechos de Dios fue precisamente S. Miguel Arcángel, quien con una espada de fuego arrojó a Satanás y a todos los ángeles rebeldes al infierno creado por Dios para ellos. Por eso podemos decir que él es un poco el símbolo de todas las batallas contra los ángeles rebeldes y por esa razón se le representa -como podéis ver en el cuadro que tenemos en la iglesia- como un soldado alado que traspasa el dragón infernal. Es también nuestro aliado en la lucha contra el demonio, en la lucha cotidiana que libramos cada día, y será también nuestro sostén el día del juicio. Según algunos padres es San Miguel quien toma y conduce las almas de los difuntos para conducirlas hacia la luz santa de Dios. Por este motivo encontramos su imagen protegiendo los cementerios, representado con la balanza en la mano pesando el bien y el mal que hemos hecho durante nuestra vida.

Como decía al principio, es por lo tanto, una verdad la existencia de los ángeles y debemos aumentar nuestra devoción hacia ellos porque tienen una naturaleza excelente, pues son espíritus puros. Dios es espíritu puro, luego los ángeles están más cerca de Dios que nosotros los hombres, ya que nosotros somos un compuesto de alma y cuerpo, formados por una parte animal -la corporal- y la espiritual- nuestra alma-, mientras que los ángeles son espíritus puros y por ese motivo están más próximos a Dios de lo que nosotros podemos estarlo. Por esto, entre los hombres y Dios se encuentran todas las jerarquías angélicas y su naturaleza es infinitamente superior a la nuestra. Los ángeles, claro está, son espíritus creados, Dios en cambio es un espíritu increado, siempre ha existido. Los ángeles están formados por su misma naturaleza, esencia angélica de su propia existencia, por el hecho de que Dios los ha creado, y en cuanto creados están también sometidos a Dios. Pero deben ser honrados especialmente porque son embajadores de Dios. Cuando hay una misión particular que desarrollar en la tierra, Dios, a lo largo de la historia de la salvación de la humanidad se ha servido frecuentemente de los ángeles. Pensemos en San Miguel Arcángel y su papel en la derrota de Satanás o en San Gabriel, otro gran arcángel, a quien fue encomendado la embajada más importante de la historia de la salvación, esto es, el momento de anunciar a la Virgen María que sería la Madre de Dios y de obtener su fiat para que pudiera realizarse. O pensemos en San Rafael, que acompaña al pequeño Tobías en sus peregrinaciones y a quien lo libra del mal, del demonio, y le ayuda a encontrar mujer y el dinero, y por librarlo del mal San Rafael es precisamente llamado la medicina de Dios.

También, como ya sabemos, los demonios son ángeles pero caídos. Mantienen su naturaleza angélica, pero fijada en el mal. Como os decía, la naturaleza angélica es infinitamente superior a la nuestra, pensemos en la inteligencia angélica, que procede más bien por la intuición, es por ello que el ángel tiene una inteligencia superior a la nuestra y todo aquello que nosotros estudiamos, comprendemos con razonamientos, cansancios y un concepto detrás de otro -pensemos que toda una vida no basta al hombre para alcanzar el conocimiento ni en un determinado ámbito, es imposible para el hombre alcanzar todo el conocimiento-. En cambio los ángeles con una mirada, un pestañear, con su inteligencia angélica, comprenden y perciben todos aquellos misterios del orden natural y sobrenatural que en el hombre, en cambio, requiere del esfuerzo para comprenderlos poco a poco y cuando los comprendemos los olvidamos y debemos volver a retomar su profundización. No les pasa esto a los ángeles debido a su inteligencia. Y esto nos hace comprender aquello que dice la Escritura: los ángeles que pecaron Dios no los ha perdonado, por lo que inmediatamente cuando pecaron fueron castigados al infierno eterno al cual se precipitaron. Y ¿esto por qué? A causa de su naturaleza, inteligencia y voluntad superiores, por lo que una vez cometido el mal no pueden volver hacia atrás, y por lo tanto permanecen fijados en el mal realizado y no pueden convertirse. En cambio el hombre, que ha pecado con el pecado original, Dios ciertamente le castiga a la muerte pero no lo condena al instante al infierno sino que le da la vida para redimirse. También Adán y Eva tuvieron el tiempo para hacer penitencia y salvar sus almas, ya que el hombre siendo precisamente un espíritu encarnado no tiene la intuición y la voluntad tan elevadas como lo ángeles. Luego el hombre peca a menudo porque está sometido a las pasiones que provienen de su parte corpórea.

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Santuario de San Miguel Arcángel en el Monte Gargano.

Esta es pues la excelencia de los ángeles. Y hoy honramos en particular la aparición de San Miguel Arcángel en el Monte Gargano, de la cual se dice que un hombre que había perdido un toro se refugió éste en una gruta y desesperado el hombre pensó en matar al toro con una flecha, pero la flecha al lanzarla hacia la cueva regresó e hirió al campesino. Desde entonces nadie osaba entrar en la gruta, pensando que estaba invadida por espíritus malignos. Sin embargo, el obispo del lugar tras tantas oraciones y penitencias que hizo hacer a su pueblo, se acercó a la gruta en procesión donde se apareció San Miguel Arcángel, quien dijo que la gruta estaba consagrada a su nombre. Tan cierto es así, que no fue consagrada según el ritual y se la ha llamado la basílica angélica por haber sido consagrada por el mismo Ángel. Y se ha convertido en uno de los santuarios más conocidos dedicados al Arcángel San Miguel.

Es pues importante para nosotros rezar e invocar con profundo respeto a los ángeles, y en particular a san Miguel Arcángel que hoy celebramos como Patrón Universal de la Iglesia. Es por ello que al final de la Misa, por voluntad del Papa León XIII, siempre invocamos a San Miguel Arcángel como custodio y protector de la Iglesia.

Ahora quisiera – como hago algunas veces – dar unas píldoras de doctrina para comprender las cuestiones actuales de la crisis de la Iglesia, y explicaros así, brevemente, los diferentes posicionamientos que tratan de dar respuesta a ella. Debemos tener claro que no todos pueden tener razón, ya que esto sería liberalismo y relativismo. Luego hoy tenemos diferentes posturas según los distintos grupos sacerdotales (o no necesariamente sacerdotales).

Antes que nada encontramos a los modernistas, que ocupan en la Iglesia los puestos de dirección, de autoridad, con la intención de destruirla desde dentro. San Pío X cuando condenó el modernismo en el 1907 con la Encíclica Pascendi, se refería a la síntesis de todas las herejías que trata de cambiar y de modificar la Iglesia desde su interior. Como tristemente sabemos, y con el permiso de Dios, seguro que para castigo nuestro, desde el “Concilio Vaticano II”, esto es a partir de Pablo VI, en el Vaticano residen personajes modernistas, que carecen de la autoridad y que pretenden destruir la Iglesia.

Al otro lado de la trinchera encontramos a todos aquellos que se oponen, o pretenden oponerse, a las reformas del “Concilio Vaticano II” y a la “misa nueva”. Y encontramos en este sector diferentes posturas teológicas siendo el rechazo, en mayor o menor grado (porque algunos apenas se oponen), al Vaticano II, a sus reformas y a la nueva misa lo que une un poco a todos estos grupos. También aquí, desgraciadamente, encontramos distintos matices. 

A decir verdad no tomo en consideración a todos esos grupos motu proprio (Instituto de Cristo Rey, Fraternidad Sacerdotal de San Pedro, etc.), puesto que están reconocidos plenamente por el Vaticano y  a lo largo de su historia han reconocido todas las reformas, mientras lo único que les queda es una mera simpatía y preferencia por la misa de San Pío V o tridentina, pero que aceptan ésta siguiendo el motu proprio de Benedicto XVI/Ratzinger, por lo que deben aceptar igualmente la bondad y ortodoxia de la misa nueva, admitiendo que la misa tridentina es un rito extraordinario y la “nueva misa” un rito ordinario. Esto ya de por sí es algo absolutamente inaceptable. Igualmente estos grupos adheridos al motu proprio reconocen la autoridad de los ocupantes de la Sede Apostólica y como consecuencia todos los errores y horrores del “Concilio Vaticano II”: el ecumenismo, la colegialidad, la libertad religiosa, etc., etc. O si no las aceptan evitan mencionarlas, haciendo como si no existieran. Por lo tanto, en este punto también les falta claridad. Así pues, como les decía, lo que tienen es un cierto afecto hacia la misa antigua pero que no va más allá, incluso muchas de estas misas son autorizadas por los “obispos” en cada diócesis, llegando a crear una especie de reserva india para quien tiene esta “sensibilidad” tradicional.

El segundo grupo y claramente más numeroso, del cual tiempo atrás formábamos parte nosotros es la Fraternidad de San Pío X, los lefebvristas. Vosotros sabéis que el Instituto Mater Boni Consilii nació en el ’85, separándose de la FSSPX. Pues bien, la FSSPX fue fundada por Mons. Lefebvre y está extendida por casi todos los países, con fieles y sacerdotes un poco en todas partes. La FSSPX es crítica o más bien era crítica con el Concilio, puesto que en los últimos años, siendo el superior Mons. Fellay decía éste en un periódico que el Concilio era bueno en un 95%. Nos gustaría saber cuál es ese 5% no bueno… Pues bien, pese a que en los últimos años han diluido su propio vino con bastante agua, la FSSPX siendo crítica en algunos puntos del Concilio en todo momento ha reconocido la autoridad de los ocupantes de la Sede Apostólica, por lo que siempre ha celebrado la misa “una cum”. De hecho todos aquellos que no reconocían la autoridad de Wojtyla, de Ratzinger o de Bergoglio fueron expulsados. Y Algo que se volvió más recurrente tras la muerte de mons. Lefebvre fue la búsqueda por parte de la Fraternidad de un reconocimiento canónico de los modernistas y desde entonces se encuentran en un permanente diálogo con los modernistas, en un continuo “pour parler” juntos en Roma. Esto encierra una profunda contradicción ya que un católico no dialoga con Roma sino que se somete y obedece a Roma, al Papa. De hecho, es evidente, que ya tienen dicho reconocimiento.

Si bien en tiempos de Juan Pablo II tuvieron lugar las excomuniones por las consagraciones episcopales (un acto en sí confuso puesto que Mons. Lefebvre no aclaró la cuestión de la Autoridad de la Iglesia, ya que si dices que hay un Papa debes consagrar los obispos con su permiso. Por ello el Instituto, cuando ha consagrado algún obispo, siguiendo la tesis del P. Guérard, lo ha hecho porque no hay Autoridad a la que se pueda recurrir para solicitar el permiso) y con Ratzinger, pese al diálogo, no se llegó a nada, en cambio  Bergoglio, a quien la doctrina le trae sin cuidado y para quien los teólogos deberían ser deportados a una isla desierta para que hablen entre sí (ya que debemos ir siempre hacia adelante), ha afrontado el problema desde un punto de vista meramente práctico. Por ello los reconoció ya en la diócesis de Buenos Aires, su antigua diócesis, lo que implica que cuando tú eres reconocido en una diócesis eres reconocido en toda la Iglesia; luego les dio jurisdicción para confesar durante el último jubileo, que no les ha retirado por ahora. Así los sacerdotes de la Fraternidad tienen la jurisdicción para confesar porque Bergoglio se la ha dado e incluso, lo vemos aquí en Italia entre los matrimonios entre fieles de la FSSPX, los matrimonios se celebran con la misa del sacerdote de la FSSPX  en parroquias de párrocos que dicen la misa nueva todos los días. ¿Cómo vamos a decir que no hay acuerdo? De forma práctica el acuerdo ya está hecho, aunque por vergüenza no lo dicen. Todo esto comporta, como hemos dicho al principio, el reconocimiento de la “autoridad” del ocupante de la Sede Apostólica.

Mons. Fellay, por entonces Superior General de la Fsspx,
saludando a Benedicto XVI.

Para llegar hasta aquí la Fraternidad cae en varios errores, en particular sobre el Magisterio. Así ellos afirman que los papas se equivocan porque, al menos, el Magisterio Ordinario Universal no es infalible -según ellos- y es por ello que en el Concilio encontramos errores. Consiguientemente escucharéis en la Fraternidad hablar mucho de los errores de los papas de aquí, de allá, de hoy y del pasado, lo cual es inaceptable. De por sí un Concilio es infalible y si hay errores es que no puede provenir de Dios y quienes lo han puesto en acto no pueden ser la autoridad ni gozar de la misma. La Fraternidad suele argüir que hay errores  en el Concilio porque es meramente pastoral y no doctrinal, lo cual es igualmente falso puesto que si hay errores en un Concilio donde el Papa quiere y pretende enseñar junto con todos los obispos del mundo, no puede provenir de Dios y no puede ser, ya que un Concilio debe gozar de la infalibilidad y no enseñar el error. Es por dichos errores que se vuelve evidente que no gozan de la autoridad y por lo que la posición de la Fraternidad es absolutamente equívoca, siempre moviéndose entre la búsqueda del pleno reconocimiento y la crítica al Concilio Vaticano II, a la vez que se profesan en comunión con Bergoglio.

Luego encontramos otros grupos, los huérfanos de Ratzinger que se posicionan contra Bergoglio. Pienso por ejemplo en Don Minutella, que antes decía la “misa nueva” y ahora la misa de San Pío V, para quien Bergoglio es malo y Ratzinger es bueno, olvidando que quien nos ha regalado a Bergoglio ha sido Ratzinger, el primero un modernista chabacano y el otro un modernista intelectual con cierta apariencia tradicional, pero en la sustancia ambos modernistas. Cuando muera Ratzinger, ¿Qué hará Minutella? Bueno, dejémoslo para otro momento.

Hay otros grupos, los llamados sedevacantistas totales. Son aquellos que comparten con nosotros la crítica al Vaticano II, pero no siguen la Tesis de Cassiciacum. Claro está que con ellos la colaboración es más fácil y posible porque estamos de acuerdo en el hecho de que la Sede Apostólica  está vacante, en cambio diferimos en el cómo. Para ellos Juan Pablo II, Bergoglio, etc. son formalmente heréticos, lo cual os recuerdo que no se puede probar. Cierto es que tales “papas” profieren herejías desde que se levantan hasta que se van a dormir, pero no siendo nosotros la autoridad de la Iglesia ninguno puede declarar, desgraciadamente, la herejía formal de estos personajes (y que sea aceptada por la Iglesia). Es lo que hace un poco débil esta posición del sedevacantismo total. También presenta otros problemas como el que atañe a la visibilidad de la Iglesia, que debe continuar en su forma jerárquica. Incluso algunos sedevacantistas totales han llevado al extremo estas posiciones y como no hay papa ellos han elegido uno. Evidentemente esto es caer en el ridículo.

Por lo tanto, el punto fundamental que hace que nuestra resistencia sea católica está precisamente en rechazar la comunión con el Vaticano II y con Bergoglio, justo lo que no hace la FSSPX y lo que hace imposible una colaboración con ellos (su posición no va a ninguna parte, ni es clara y celebran la misa “una cum”). Fueron estos motivos los que empujaron a los sacerdotes que fundaron el Instituto Mater Boni Consilii a alejarse de la FSSPX.

Yo mismo ingresé en el seminario de Econe en 1985 y tras dos años salí por esta falta de claridad sobre una cuestión tan fundamental como la de la autoridad de la Iglesia,  una falta de claridad con la que no me encontraba a gusto como seminarista y mucho menos faltar a mi sinceridad como sacerdote.

Pues bien, como decía, el punto fundamental es no estar en comunión con Bergoglio (ni evidentemente con sus predecesores) ni con los errores del “Concilio Vaticano II”. No se puede ir a buscar el reconocimiento a quien no tiene la autoridad. Nosotros mantenemos y creemos que la única posición coherente que tiene en cuenta todos los elementos de la doctrina católica es la Tesis de Cassiciacum, tanto porque afirma la falta de autoridad en los ocupantes de la Sede Apostólica (desde Pablo VI hasta Francisco) como porque sostiene la materialidad, esto es, la permanencia de una cierta jerarquía de la cual podría, eventualmente y según el juicio de la Iglesia, surgir una jerarquía verdaderamente formal. Y en resumen porque parece ser la única posición coherente con todos los puntos de la Revelación y de la naturaleza misma de la Iglesia.

Sacerdotes y religiosas del Instituto Mater Boni Consilii
con Mons. Stuyver

Así como no todas las misas tridentinas son iguales por la cuestión del “una cum”, no todas las posiciones teológicas sobre la autoridad de la Iglesia son correctas y nosotros, como Instituto, seguimos la postura del P.  M. L. Guérard des Lauriers.

Claro está que en otros grupos hay buenos sacerdotes, celosos de su ministerio, etc., pero como decía el P. Vallet: “no se puede hacer el bien si no es con buena doctrina”. Por ello para un sacerdote o grupo sacerdotal es absolutamente necesaria una correcta postura teológica y así hacer el bien, porque de allí se siguen todas las consecuencias del apostolado y pastorales.

Pues bien, honremos hoy la grandeza de San Miguel Arcángel, él que es protector de la Iglesia Universal, para que la asista, la ayude y nos permita reencontrarla como espléndida luz y faro de verdad para toda la humanidad.

Alabado sea Jesucristo,

Sea por siempre bendito y alabado.

(Traducida del original en audio por Propaganda Católica).