Obsceno (Diccionario de Teología Moral)

 

1. Noción:

Se define obsceno el «nudus allectans», esto es, un desnudo al cual va unido una atracción al mal activo, y al menos implícitamente intencional en la mente del que obra o en la obra misma. El peligro verdadero no está en la desnudez simplemente representada.

La desnudez es una ofensa al pudor y tiene por lo mismo carácter impúdico, cuando se describe o va unida a una figura con referencia a actos que aunque no tengan una relación de afinidad y conexión con el objeto impuro son en sí ambiguos, esto es, capaces de interpretación y motivación diversa, faltándoles una causa que los justifique.

Una excitación moderada puede encontrar su ocasión incluso en figuras y escritos que tienen una referencia lejana con la esfera sexual, a la vista, p. ej., de una persona de otro sexo, aunque vaya modestamente vestida.

La atracción, para que exista la obscenidad, no basta que sea pasiva, sino que debe ser activa, o sea, intencional, al menos implícitamente. Más aún, no es ni siquiera necesaria la atracción efectiva pasiva, sino que es suficiente que esté en la intención del que obra o en la obra misma.

En relación con la atracción pasiva, la teología moral hace una distinción que si parece algo empírica aclara, sin embargo, el problema cuando afirma que las partes del cuerpo en relación con el diferente influjo que ejercen en la excitabilidad del placer sexual se dividen en honestas ( rostro, manos, pies), menos honestas (pecho, dorso, brazos, pierna) y deshonestas (partes genitales y próximas).

la-caída-del-hombre-miguel-ángel-mary-villarroel-sneshko-culturizando7968479462963766245..jpgEn relación con esta subdivisión a fin de evitar una materialidad en la expresión se ha de señalar que el pudor ha de ser defendido como freno psíquico en orden a la sexualidad con la represión de todo cuanto sirva de reclamo desordenado a la sexualidad, aunque sólo sea en forma alusiva, cuando la figura o el escrito, aunque no sea materialmente obsceno, son tendencialmente provocativos y solicitantes de la violación del orden en la recta aplicación del instinto sexual.

Naturalmente la deshonestidad que la moral considera referente a las partes sexuales de la persona constituye siempre de suyo agresión violenta al pudor por la capacidad de excitar grandemente la concupiscencia sexual. Por lo tanto, las reproducciones gráficas de desnudos deshonestos exigen una prohibición absoluta como atentados al sentimiento moral.

La obscenidad se contrasta no tanto en la objetividad de una reacción común, como en la abierta violación de un derecho congénito y natural a todo individuo, ya que obsceno se considera todo acto y objeto capaz de excitar la concupiscencia sexual fuera del orden y de la finalidad propia.

Por lo tanto, todas las publicaciones que tengan en sí la posibilidad y la potencialidad de causar de un modo violento el recuerdo de actos libidinosos o de relaciones sexuales, así como de suscitar excitación y emoción en los individuos que estén desprovistos de un sano sentimiento del pudor o reacciones psíquicas en aquellos que tienen vivo el sentido moral, revisten carácter obsceno, no porque choquen con la sensibilidad media de la gente, sino porque, aunque limiten el radio de su influencia perjudicial a un solo individuo, esta ofensa constituye una violación de la dignidad de la persona, al ámbito natural de reserva que rodea todo cuanto se refiere a la sexualidad.

La obscenidad, por constituir una ofensa al pudor, viola un sentimiento que no nace de una reserva impuesta del exterior, por autoridad o influencia ambiental, por educación familiar y social, sino de la misma naturaleza.

En efecto, el pudor puede ser ofendido con cualquier medio o instrumento; cualquier tipo, aspecto, forma, elegancia en la presentación tipográfica o confección de venta, aunque la obscenidad esté disimulada de un modo más o menos fraudulento, puede caer bajo la acusación de obscenidad.

2. Un error muy difundido:

Aunque todavía no ha tomado carta oficial de naturaleza en España como en otros países donde la pornografía es más descarada y las costumbres más libres, nos encontramos frecuentemente  con un criterio según el cual el concepto de obsceno se funda en el sentimiento popular, en el ambiente, ambiente que muchas veces se forma por circunstancias interesadas u opiniones personales. Este sentimiento y juicio común llega a fundarse como primera máxima sobre el criterio del sentir del hombre medio y ordinario desdeñando el juicio del que tiene un sentimiento excesivo y refinado del pudor o el juicio del que tenga un sentimiento ínfimo del mismo.

Para contrastar la obscenidad, según esta sentencia, no parece que se tenga que requerir un criterio determinado, un concepto moral absoluto y exclusivo sobre el cual fundar el juicio, sino que es suficiente proceder con criterios relativos, medios, comparativos, según el estado actual del sentimiento medio y ordinario del pueblo. Así se comprende que sobre este falso criterio popular, aceptado como sentimiento común, se puede llegar a juicios que dan exclusivamente a la moral un significado historicista, apartado totalmente de cualquier fundamento natural. Estas opiniones hacen de la moralidad un producto del momento actual: «lo que un tiempo pudo juzgarse obsceno, puede no considerarse obsceno al presente, por haber mudado la conciencia pública y el juicio público, o a la inversa».

Contra esta fluctuación del concepto de obsceno sería suficiente acudir a la moral natural que obliga a todos los hombres, incluso a los no cristianos.

Otro campo en el cual fluctúa el concepto de obsceno es el del arte.

Se proclama la independencia absoluta y se invoca para ella una libertad sin freno, incluso por parte de los que son meramente contempladores del arte. Se ha de afirmar que el arte mismo tiene determinados límites dentro de los cuales debe ser siempre contenida la obscenidad y sobre todo que sebe ser una exposición tan profunda y elevada tanto en la forma como en el contenido que los detalles, pasajes o contenido sensual que tuvieran carácter de obsceno, tengan un valor desdeñable, ofuscado por la luz de la elevación artística, la inspiración del autor y el fundamento de la obra.

La reproducción de desnudos sacados de obras de indiscutible valor artístico en publicaciones movidas por el lucro o por la especulación comercial, o por deleite o complacencia en la obscenidad, hecha sin fin didáctico, con el intento evidente de hacer destacar la exhibición desnudista para mover al público a la adquisición es cosa verdaderamente ofensiva del pudor, ya que es capaz de excitar grandemente la concupiscencia sexual, y ha de ser severamente reprimida.

(Card. Roberti, Francesco; Palazzini, Pietro. Diccionario de Teología Moral. Barcelona: Editorial Litúrgica Española, 1960)