Dolor (Diccionario de Teología Dogmática)

Dolor:

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Como ocurre con las cosas más conocidas y sencillas, no se puede definir adecuadamente. El dolor se puede caracterizar por oposición al goce y al placer. Sto. Tomás sugiere un concepto profundo del placer haciéndolo derivar como de su causa propia, de la actividad perfecta del ser. El dolor, pues, depende de un desorden de la actividad (impedimento, deficiencia o exceso de acción). El dolor, lo mismo que el placer, puede ser sensitivo y espiritual: el primero, llamado también físico, afecta  a la vida animal y mira sólo al presente como la sensación a que se subordina; el segundo, llamado también moral, es propio del hombre y aflige el espíritu sin limitación de tiempo o de espacio. En el hombre el dolor sensitivo es más fuerte que en los animales, por la interferencia de la cognición intelectiva. El dolor domina de tal manera la vida humana que constituye uno de sus más angustiosos problemas.

El problema del dolor se halla ligado al problema del mal, del cual es como una triste floración. Son, pues, análogas las soluciones que se han intentado para el uno y para el otro.

Fuera del cristianismo se encuentran las siguientes:

a) Mazdeísmo (solución teológico-religiosa): es la religión de los Persas reformada por Zoroastro (s. IV a.C.), que admite un principio del bien (Ahura Mazda) y un principio del mal (Ahura Mainyu). El dolor de la vida está en la lucha entre estos dos principios, que se refleja en el hombre (entre el alma y el cuerpo).

Este Dualismo, adoptado y extendido por el Maniqueísmo, es metafísicamente absurdo y moralmente deletéreo, como lo demuestra la historia.

b) Budismo (solución ascético-moral): Buda (s. VI a.C.) parte de una concepción pesimista de la vida en que ve por todas partes mal y dolor; y como pone la raíz del dolor en el deseo, aconseja como su remedio la extinción de todo deseo y de toda pasión, la renuncia a la actividad y a la vida, para refugiarse en una contemplación egoísta.

Solución negativa, antipsicológica (las pasiones no se destruyen, sino que se disciplinan) y antisocial (deserción de la vida)..

c) Filosofía griega, con la solución socrático-aristotélica del racionalismo ético (ciencia = bien, felicidad); o con la solución hedonística de los Epicúreos, o con la solución estoica de la virtud llevada hasta la indiferencia o la imperturbabilidad («ataraxia»). Todas son soluciones unilaterales y, por lo tanto, deficientes.

d) Filosofía moderna: vuelta a los antiguos motivos del optimismo exagerado (Leibniz, Idealismo) o del pesimismo excesivo (Schopenhauer, Hartmann).

El cristianismo, de acuerdo con la doctrina sobre el mal, ve en el dolor una condición del ser creado de la nada, condición que ha sido agravada por el pecado original. El dolor no se huye, se afronta: es lícito combatirlo y eliminarlo en cuanto sea posible, pero es mejor soportarlo y hacer de él una palanca poderosa del espíritu. En la escuela de Cristo el cristiano no sólo aprende a soportar, sino aun a amar el dolor como medio de purificación. Pero el problema del dolor individual y social lo mismo que el del mal, no se resuelve si se prescinde de la vida eterna a la cual se ordena la vida presente.

(Parente, Pietro; Piolanti, Antonio; Garolafo, Salvatore. Diccionario de Teología Dogmática. Barcelona: Editorial Litúrgica Española, 1955)