Fruto del trabajo del hombre. Una crítica teológica a la misa de Pablo VI (Reseña bibliográfica)

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Portada del libro “Fruto del trabajo del hombre”, del P. A. Cekada (edición italiana).

No solemos publicar reseñas literarias, menos aún de libros escritos por autores contemporáneos, cuyas obras cuestan menos de lo que pesan o su uso más idóneo es el de emplearlas como encendedor para nuestra chimenea. Pero a veces la Providencia nos presenta la excepción que confirma la regla. Este es el caso del último trabajo – mejor dicho, una obra maestra – publicado recientemente por el Centro Librario Sodalitium, de Verrua Savoia (Italia), con el título «Frutto del lavoro dell’uomo» (Fruto del trabajo del hombre).

El autor, el P. Anthony Cekada, narra cómo inició la redacción del libro en el ya lejano 29 de noviembre de 1964, Primer Domingo de Adviento, terminándolo cuarenta y cinco años después, justo el Primer Domingo de Adviento del 2009. Un trabajo que le ha ocupado tantos años tiene la ventaja de tratar sobre algo que al principio solamente se intuye, luego se estudia y se sufre, luego se rechaza y finalmente se comprende su profunda malicia. Nos referimos, obviamente, a la llamada reforma de Pablo VI que ha minado y continúa atacando a la Santa Misa y al Orden sagrado.

El Padre Cekada admite sinceramente, ya en 1964, haber percibido que dicha «nueva liturgia», por aquellos años en una etapa embrionaria – hoy se diría de prueba -, «parecía extraña y un poco irrespetuosa». Concluyó: «No me gustó». Cambios que le «dejaron una sensación de malestar» y que «desde aquel primer día fatal… (hizo que todo se desmoronara) a pedazos en la liturgia y en la Iglesia».

Durante los doce años que Cekada transcurrió en el seminario, a partir de 1965, pudo «observar desde dentro la destrucción de la Misa y los ataques contra la fe católica que siguieron la estela del Vaticano II». Fue entonces cuando decidió combatir, a su manera y no con todo el conocimiento de aquellos años, la buena batalla. Una elección loable, que la Providencia fue haciendo que él madurara gradualmente y profundizara en su erudición, contándose hoy entre los eruditos y pastores de almas, dedicado sobre todo -aunque no exclusivamente-, a la transmisión del saber litúrgico.

Como joven seminarista, Cekada se concentró en el estudio de la música sacra, del órgano, del canto gregoriano, leyó revistas sobre la materia y asistió a conferencias organizadas por los llamados “ambientes tradicionalistas” de la primera “resistencia”. Buscó empleo como organista «en las parroquias donde el clero era más conservador», pero «cuando la Misa de Pablo VI apareció en 1969» se vio obligado «a aprender las nuevas reglas que aparecieron con ella», ahora bien, optando por «las opciones más “tradicionalistas” contempladas en el nuevo rito».

Cekada afirma haber «creído (tal vez esperado)» que en los primeros diez años «las causas de la devastación de la cual fui testigo deberían hallarse no en lo que el papa y el concilio prescribían o enseñaban, sino más bien en las violaciones de la ley y las interpretaciones erradas de la enseñanza conciliar, promovidas por todas partes por los “liberales”». «Si los sacerdotes hubieran seguido solamente las rúbricas de la nueva liturgia, cumpliendo rigurosamente con las disposiciones del Vaticano II, – reflexiona el autor en los comienzos de los años ’70 – la Misa hubiera sido reverente y la fe se hubiese protegido».

Para él en aquél entonces, el problema no era la reforma en sí: «lo eran los neo-modernistas». Sin embargo, en 1975 «esta convicción cambió».

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Sitio web del autor

Mientras tanto Cekada se hizo monje, llegando a trasladarse al monasterio «litúrgicamente más conservador del mundo», donde todo era en latín y realizado escrupulosamente, donde el canto era en gregoriano y los ornamentos hermosos y tradicionales. Era una antigua abadía suiza. Tras un primer destello de conocimiento, y tras quedar casi convencido de haber tomado la buena dirección, «fue justo aquí, en medio de todo el latín, del gregoriano y de la perfección de las rúbricas, cuando me topé con la desilusión. A los monjes jóvenes, con gran asombro por mi parte, -afirma el monje Cekada – se les impartía la misma teología modernista generalizada en los seminarios americanos y, ellos mismos, en la Misa conventual, comulgaban en la mano».

Conoció entonces a Mons. Lefebvre, quien precisamente en aquella época había adquirido cierta notoriedad y visibilidad en Suiza con motivo de su postura, al menos de palabra, contra algunas reformas de Pablo VI. Durante esos años la disputa estaba a flor de piel y en todas partes, sobre todo en los “ambientes de la Iglesia”, no se hacía otra cosa que hablar de la incipiente rebelión de Lefebvre contra Pablo VI. Cuenta Cekada: «El abad, que gozaba dentro de la orden, de una reputación de estudioso conservador de la liturgia, condenó al arzobispo (Lefebvre) por su “desobediencia” hacia la Nueva Misa y el Concilio. Como modelo de verdadera obediencia propuso al personaje imaginario del abad de la novela de Brian Moore ′Católicos′, que, obedeciendo a sus superiores renunció a creer en la transubstanciación y exigió a sus monjes a hacer lo mismo».

Y más aún: «Aquella tarde, durante la recreación, tuve una acalorada discusión con el abad (el de verdad) sobre lo que había dicho. Que el superior del monasterio litúrgicamente más conservador del mundo, donde todo era en latín y las ceremonias de manual, afirmase tal cosa, me pareció también una prueba acusatoria contra la Nueva Misa. Fue en este momento – refiere el autor – cuando comencé a pensar que la reforma litúrgica en sí, y no simplemente su interpretación o aplicación, era el verdadero problema».

Comenzó para Anthony Cekada una peregrinación que lo llevará desde Ecòne (FSSPX) en Suiza (fue ordenado sacerdote por el mismo Mons. Lefebvre en 1977) y finalmente recalar en el Most Holy Trinity Seminary, por aquella época en Michigan, donde sigue enseñando liturgia y derecho canónico.

Luego vino el Indulto de Juan Pablo II: «Se puede celebrar con el Vetus Ordo, pero solo con la rigurosa autorización y con el compromiso de que el celebrante no plantee objeciones sobre cuestiones doctrinales que permanecen en los fundamentos del Novus Ordo». Todo va bien, «solo es una cuestión de sensibilidad, de preferencia, de belleza, de sentimiento». Así fue durante muchos años y con el cobarde secreto, ¡No para el católico Padre Cekada, obviamente!

En el 2005 llegó el momento del muy astuto Summorum Pontificum de Benedicto XVI (autorizando – sic! – celebrar según el Misal de 1962). Medida que «NO tuvo como resultado dar a conocer a los católicos de todo el mundo la misa antigua – el vaticanista John Alien afirmó que en general los grupos son de dimensiones reducidas, aquello que los italianos llaman “cuatro gatos”».

En cualquier caso, el Motu Proprio tuvo como único mérito el de dar «permiso a muchas personas para que comprobaran con sus propios ojos las marcadas diferencias entre el viejo y el nuevo rito, y tal vez, puede que incluso indagar en los motivos». No obstante, muchos se han “contentado” y se han detenido en este punto, dándose por satisfechos teniendo el “permiso” para participar en la “misa extraordinaria” (sic!).

Multitud de opúsculos y de libros se han publicado en estos cincuenta años sobre la “nueva misa”, pero se trata de trabajos «sobre los abusos litúrgicos,  (sobre) el carácter protestante del nuevo rito, (sobre) la invalidez de la nueva fórmula de la consagración del cáliz, y (sobre) los defectos más obvios del Ordinario de la Misa». Ninguno de estos pequeños trabajos, según el Padre Cekada, «ha dado un trato adecuado de los tantos errores y peligros contenidos en el nuevo rito».

Y al final, tras muchas pequeñas publicaciones sobre este tema, llegamos al notable «Fruto del trabajo del hombre. Una crítica teológica a la misa de Pablo VI», publicado, en un principio, en inglés y traducido ahora al italiano gracias a un meticuloso trabajo del Instituto Mater Boni Consilii.

417 páginas, por solo 19,50 €; 14 capítulos con un apéndice, centenares de apartados, una copiosa bibliografía y un cómodo índice de nombres. Disponible aquí.

En el momento de la supuesta promulgación del “Novus Ordo”, el Arzobispo Antonelli – signatario del decreto de promulgación – declaró: «En la liturgia cada palabra y cada gesto significan una idea teológica». En su libro – doctrinal, moral, litúrgico, histórico… etc., etc. – el P. Cekada aclara qué concepto teológico refleja la “nueva misa”.

Os deseo a todos una buena lectura. Al fin y al cabo 19,50 € es lo que nos gastamos en un restaurante con los amigos para comer una pizza y hablar de tonterías: El enemigo lo ha saqueado todo en el santuario (Salmo 73, 3).

Carlo Di Pietro

Traducción nuestra del original.