El problema del “una cum”: un caso de conciencia (Sodalitium n.43)

Hemos recibido en la redacción una carta que, por la importancia del tema que trata, merece ser publicada con la debida respuesta. Si nuestros lectores desean presentar a la revista otras preguntas interesantes, sobre fe o moral, estaremos encantados de poder responder, dentro de los límites y de las posibilidades que brinda nuestra revista.

Sodalitium

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“Apreciada redacción de Sodalitium,

He leído con atención la “Nota litúrgica sobre el Una Cum…” (publicada en el número 36 de su revista) y debo afirmar que me ha parecido convincente: si Juan Pablo II no es Papa formaliter, como dicen ustedes, no se puede celebrar Misa (o asistir a dicha celebración de la Misa) en unión con él. Me queda, sin embargo, una duda a la cual soy incapaz de dar una respuesta: espero que ustedes puedan contestar a ella…

No es un misterio para nadie que muchos sacerdotes, que oficialmente reconocen la legitimidad de Juan Pablo II, en realidad piensan otra cosa y no citan su nombre en el canon de la Misa. Esto es más frecuente aun entre los sacerdotes de Mons. Lefebvre, que no pueden manifestar públicamente su opinión sin buscarse problemas con los superiores. En este caso, que la Misa se celebra “non una cum”, ¿Se puede asistir a estas misas sin escrúpulos de conciencia? ¿Qué opina vuestro Instituto? Sinceramente, en esta cuestión, no logro ver la diferencia entre estas misas y las que celebran ustedes!

El problema para mí no es solo teórico, ya que por motivos familiares me resulta mucho más fácil asistir a una Misa de esas…”

Carta firmada.

Respuesta de Sodalitium a nuestro lector (y a todos los lectores interesados)

Me congratulo con usted porque se muestre de acuerdo, en la línea de los principios, sobre la cuestión del una cum. Ello me ahorrará explicar la gravedad del problema, sobre la cual afirma que ya está convencido; no obstante, si otros lectores la desconociesen, les invito consultar el artículo citado anteriormente.

Antes de responder a su pregunta es necesario realizar (o recordar) algunas precisaciones. Por su carta parece que se tratase de una cuestión personal entre nosotros y los sacerdotes, que celebrando la Santa Misa según el rito romano promulgado por San Pío V, se encuentran, en el canon de la Misa, en comunión con Juan Pablo II. Permítame usted aclarar, por si fuera necesario, que no se trata de una cuestión personal, sino doctrinal. Por una parte, no pretendemos lo más mínimo juzgar las conciencias o negar la posible buena fe de los sacerdotes que creen correcto (equivocándose) mencionar el una cum. Y por otro lado, no pretendemos ser los únicos en celebrar la Misa sin nombrar como Sumo Pontífice a Juan Pablo II.  Como usted mismo escribe son muchos (nos referimos a su país, Francia; desgraciadamente la situación en Italia es mucho peor) quienes así actúan, ¡Y no pretendemos tener el monopolio en dicha materia! Más aún, quisiera el Cielo que aumentaran cada vez más las Misas y los sacerdotes coherentes en este punto tan importante…

Dicho esto le doy mi respuesta, que puede que le decepcione: No, el caso de los sacerdotes que ocultamente no citan a Juan Pablo II en el canon de la Misa, no difiere sustancialmente, en la práctica, de aquellos que lo mencionan. Con otras palabras, su postura no es lícita, y los fieles que se dan cuenta del problema deben abstenerse de asistir a sus celebraciones, sobre todo si asisten de forma activa.

Naturalmente, usted deseará saber el porqué de esta respuesta, que soy consciente, de que no resulta evidente.

También aquí, es necesario, hacer una debida aclaración. La simple omisión del nombre de Juan Pablo II en el Te igitur no es, de por sí, garantía de ortodoxia! (Incluso, si – y digo: “si” – Juan Pablo II fuera o se convirtiera formalmente en Papa, sería un acto cismático). De hecho, muchos herejes y cismáticos separados de la Iglesia católica (por ejemplo, los orientales llamados “ortodoxos”) no mencionan el nombre de Juan Pablo II en su liturgia, pero por motivos opuestos a los nuestros (puesto que no reconocen el primado de Pedro). Para poder asistir a una Misa, aunque fuese celebrada non una cum, debe ser oficiada por un sacerdote católico.

Me dirá usted que los sacerdotes a los que se refiere en su caso son católicos, y claro está no “ortodoxos”. Queda, no obstante, el problema de su grave comportamiento. Aprovechando el hecho de que el canon de la Misa es recitado en voz baja, ellos omiten el nombre de Juan Pablo II, mientras sus superiores y la mayoría de los fieles cree lo contrario. Se trata, por lo tanto, de un engaño; es más grave aún. Estos sacerdotes faltan al deber, que lo es de derecho divino, de manifestar la propia fe; y la legitimidad (o no) de un Pontífice es un hecho dogmático que implica el reconocimiento (o no), del magisterio de tal persona como regla viviente y próxima de nuestra fe. Participar en este modo de actuar significa cooperar con el mal que ellos cometen, lo cual no es lícito sin un motivo proporcionalmente grave.

Por lo tanto, ¿Al menos en algunos casos es lícito? No. Y ello en virtud de otras consideraciones. Hasta ahora hemos dado por descontado que estos sacerdotes están, en realidad, non una cum. Bien. ¿Pero quien asegura que ellos no celebran “una cum” si nunca lo dicen? Es más, ¡No solo no lo dicen, sino que dicen explícitamente lo contrario! En el caso de los sacerdotes de la Fraternidad de San Pío X, por ejemplo (aunque el caso vale también, y no es un mero caso hipotético, para algunos acogidos al “indulto”), ellos aunque no nombren a Juan Pablo II en el canon, han hecho una promesa solemne o juramento de hacer lo contrario. Oficialmente, por lo tanto, por el simple hecho de tratarse de un sacerdote de la Fraternidad de San Pío X, sirva de ejemplo, debe presuponerse que éste sea fiel a la línea de la misma Fraternidad, a los requerimientos de sus superiores y a las promesas realizadas; ya el hecho mismo de presuponer lo contrario equivale a tratar a tal sacerdote de mentiroso y farsante. Pero -me dirá usted- que son ellos mismos quienes implícitamente se califican de tales, cuando en privado me dicen (o me dan a entender) que no están una cum Juan Pablo. Observación: ¿Cómo se puede creer a un mentiroso confeso? Este sacerdote admite frente a usted de estar mintiendo a sus superiores y a la mayoría de sus fieles,  ¿Cómo está seguro de qué no le mienta también a usted (puede que quizás para tener… un feligrés más)? Nuevamente debemos presuponer que él sea… aquello que declara oficialmente que es: que está en comunión con Juan Pablo II (¡quien a su vez normalmente le prohíbe celebrar la Misa y lo ha declarado excomulgado! Pero esta es otra cuestión y otra incoherencia más). En muchas ocasiones viene a ser así, ya que el sacerdote en cuestión resulta estar realmente una cum (y resulta que se trataba solo de rumores, no siempre inocentes); otras veces no, pero el problema permanece.

Una última objeción: ¿Qué hacer en caso de que yo tenga la certeza moral de que en realidad dicho sacerdote no sea una cum (pese a las apariencias)? También en este caso persiste el problema, y no solo por fomentar un cierto e inaceptable nicomedismo (casi “marranismo”), sino que la cooperación material con el mal ajeno sólo puede ser lícita por motivos graves. Puede ser lícita con la condición de evitar el escándalo (que es un pecado contra la caridad, que induce a los demás al pecado). Dado que, por definición, este sacerdote hipotético es non una cum solo ocultamente, la mayor parte de las personas ignorará su postura, estando convencidas de justo todo lo contrario. Viéndole asistir a su Misa, se convencerán de que es lícito asistir a la Misa una cum, ignorando que en realidad esa Misa es – ocultamente – non una cum. Cuánto mayor sea usted conocido y apreciado por sus opiniones, tanto más corre usted el riesgo de dar escándalo; con más razón si en vez de usted se trata de un religioso, una religiosa, un sacerdote o incluso de una comunidad entera conocida por oponerse a la Misa una cum… Como ve, son bien raros los casos en los cuales el factor escándalo no interviene y en los cuales existen motivos gravísimos para cooperar con la postura de por sí objetivamente mala de estos sacerdotes. Sacerdotes que, desde tantos puntos de vista, son menos excusables que sus hermanos, los cuales, de buena fe, creen que Juan Pablo II sea formalmente Papa y, consiguientemente, lo citan en el canon (estos últimos, no obstante, deberían abstenerse de celebrar la Misa tradicional sin indulto, ya que ¿Cómo pueden justificar su desobediencia al Papa en materia grave, como lo es sin duda alguna el rito de la celebración de la Misa?).

No quiero negar, lo repito, que en muchos casos sacerdotes y fieles… no sepan lo que hacen! Dios solo juzga los corazones… Mi respuesta, puede que poco simpática, pero al menos sincera (más sincera que la de los sacerdotes de los que me habla) concierne solo al problema objetivo de quien, como usted, admite el principio según el cual Juan Pablo II es solo materialmente, pero no formalmente Papa. Dios le conceda la virtud de la fortaleza, para ser coherente testimonio de su fe en todas las circunstancias de la vida.

El director

 

(Artículo original de la web Sodalitium. Traducción de Propaganda Católica).