8. Ley natural y orden social / Antojo de los fanáticos y desorden social (Teología Política)

fb_img_15732110163321190028779244550980.jpgExpuestas las breves premisas en los artículos precedentes, adentrémonos ahora de lleno en la Teología política, aquella disciplina que estudia la relación entre religión y política, materia a menudo sintetizada en la expresión Doctrina Social.  La Enciclopedia Treccani nos da su definición: «[…] indica el conjunto de principios, teorías, enseñanzas y orientaciones emanadas de la Iglesia católica en relación con los problemas de índole social y económica del mundo contemporáneo […]».

Es decir, es aquél conjunto de verdades, de principios y de valores que la Iglesia, a través de su Magisterio, extrae de la Revelación y de la ley natural, que interpreta, prepara y con sabiduría propone al mundo con el fin de resolver, con determinación y para la mayor gloria de Dios, los problemas sociales según criterios orientados a organizar la sociedad de una manera más humana, esto es, conforme al plan de Dios.

Con el fin de exponer un estudio equilibrado y exhaustivo sobre dicha materia, contra toda tóxica opinión individual, es necesario antes que nada concretar y precisar: las fuentes, el autor, el contenido y el objeto, y el fin en la Doctrina social.

Empecemos con las FUENTES, según el brillante esquema proporcionado por el texto La Doctrine sociale dell’Eglise, Bonne Presse, Paris, 1957.

La ley natural es una de nuestras fuentes. Es impresa por Dios en el «ser mismo del hombre, en su naturaleza humana y racional, teniendo el intelecto conciencia de la misma. Ella es en nosotros la expresión de las exigencias de nuestra razón».

Explica Guerry, que dicha ley natural es la que conforma nuestra conciencia sobre lo que debe ser cada acción nuestra, para que «sea conforme a nuestra naturaleza racional» y no contradiga todo lo que hay de «bueno, profundo y más noble en el hombre».

Es la ley natural quien nos dice: «¡haz el bien y no el mal!», actúa «según la razón», usa el intelecto, sé racional, haz solo aquello que es bueno y que conviene, evita el mal: «es decir, aquello que impide el verdadero desarrollo».

Hoy en día, con mucha facilidad, una parte de la sociedad desprecia abiertamente la ley natural y rechaza sus indicaciones. Es deber nuestro, al contrario, recordar tanto desde un punto de vista antropológico como histórico, la importancia capital de la aplicación que han hecho los Pontífices de la ley natural en la correcta concepción del hombre «para establecer sus derechos fundamentales y sus deberes, su dignidad y sus legítimas libertades».

La simplista, abstracta, demagógica y mendaz proclamación de la superioridad de los ambiguos “principios universales”, elevados de manera pretenciosa y violenta al rango de dogma, atenta contra todo Derecho divino y cualquier dignidad humana. Ello representa el preludio del desmoronamiento de toda una sociedad, y es lo que sucede en nuestros días!

Según la Iglesia – lo veremos mejor mediante el estudio del Magisterio de Pío XII – la Teología política debe ocuparse también del hombre como «objeto de la ciencia económica social», superando el límite obtuso y oscurantista de la mera fenomenología física y mecánica, trascendiendo el estudio de los actos humanos,  la vida de los hombres libres que juntos cooperan en la «construcción del orden social».

Llegados a este punto es obvio que debemos hablar de dos «órdenes», aunque para ser más precisos nos referiremos a un «orden» y a un «desorden».

El primero, el «orden social», solamente se puede alcanzar cuando la acción humana y política es «conforme al orden de las cosas, que Dios ha manifestado a través de la ley natural y de la Revelación».

El segundo, «el desorden», es la fotografía de la época psicopatológica contemporánea y se alcanza siguiendo el error de quien niega abiertamente, también en la legislación, la verdadera naturaleza del hombre, siendo ésta sacrificada en aras del antojo de los fanáticos.

El 25 de septiembre de 1949, en la Alocución a los Miembros del Congreso de Estudios Humanísticos, Su Santidad Pío XII enseñaba: «La ley natural es el fundamento sobre el cual se apoya la Doctrina social de la Iglesia». Contra la Iglesia, contra la ley natural, contra el «orden social», contra la humanidad, se conjuran los paladines del globalismo, del pansexualismo, del masonismo y sus camarillas que, por brevedad, definiremos como propiciadores del «Nuevo Orden Mundial».

Carlo Di Pietro en ControSenso Basilicata

(Traducido por Propaganda Católica del original)