Entrevista de Rivarol a don Francesco Ricossa

La conocida revista francesa “Rivarol”, una vez más, y con motivo de las jornadas de estudio organizadas por don Jocelyn Le Gal en París, ha entrevistado a don Francesco Ricossa. El tema de este año ha recuperado la cuestión tratada en la jornada por el Reinado Social de Cristo, celebrada en Módena. Presentamos al público hispano la traducción de la entrevista.

D. Francesco Ricossa (IMBC) impartiendo una conferencia en París.

Don Francesco Ricossa: “¿Cómo valorar el fascismo desde un punto de vista íntegramente católico?”

RIVAROL: Don Francesco, en calidad de director de la revista doctrinal Sodalitium, a finales de todos los años imparte usted un ciclo de conferencias en París, que esta vez será el primer domingo de diciembre, de 14.45 a 18.45, en París, en el distrito décimo, a dos pasos de la Gare de l’Est (Espace Dubail, 18 passage Dubai). Este año ha elegido como tema: “Los amigos y enemigos de la Realeza de Cristo”. ¿Nos puede contar algo más?

DON FRANCESCO RICOSSA: En el 1919, hace precisamente un siglo, se fundaron en Italia tres movimientos y revistas: el movimiento fascista nacido en las trincheras, el Partido Popular italiano (los democristianos de Luigi Sturzo) y la revista antimodernitsa y católica integral, muy poco conocida en Francia, “Fede e Ragione” (Fe y Razón). Este triple aniversario es una buena ocasión para estudiar estas tres corrientes de pensamiento (el fascismo, la democracia cristiana y el catolicismo integral) a la luz de la doctrina de la realeza social de Cristo que nosotros defendemos.

R.: ¿Puede hablarnos antes que nada de la revista “Fede e Ragione”?

Don F. R.: Esta revista, primero de tirada mensual, luego semanal, fue fundada por don Paolo de Toth y mons. Benigni, ambos colaboradores del papa S. Pío X durante su pontificado. La revista duró hasta finales de 1929. Lo más parecido en Francia a la revista “Fede e Ragione” fue la RISS, la “Revue Internationale des Societées Secrètes” (la Revista Internacional de las Sociedades Secretas). “Fede e Ragione” era más próxima a los ideales católicos integrales. En la primera parte de la conferencia trataré de los temas abordados por dicha revista, pero sobre todo de las dificultades que halló frente a las líneas trazadas bajo los pontificados de Benedicto XV y Pío XI, y particularmente con la Secretaría de Estado del Card. Gasparri, con el fin de transmitir las ideas correctas a seguir hoy por los católicos militantes. Y por otro lado, evidenciar que los problemas que estallaron en el Vaticano II se encontraban ya antes, aunque en estado embrionario.

R. ¿Por qué la revista interrumpió de forma brusca sus publicaciones a finales de 1929, tras doce años de existencia?

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La revista “Fede e Ragione”, fundada por D. Paolo de Toth y Mons. Umberto Benigni en 1919.

Don F. R.: La revista “Fede e Ragione” interrumpió su publicación de forma inesperada. No como ocurre con algunos periódicos que espacían cada vez más sus publicaciones, o porque perdiesen lectores o por problemas económicos. Lo paradójico es que la revista se encontraba en plena expansión, aunque desgraciadamente era objeto cada vez más de los ataques por parte de los jesuitas de la “Civiltà Cattolica” y de la Secretaría de Estado del Card. Gasparri. La revista tenía la protección del ordinario del lugar, el obispo de Fiesole, una pequeña diócesis cercana a Florencia, donde se imprimía. La brusca interrupción de la revista al final de 1929 se debió probablemente a la suma de dos factores: por un lado las presiones procedentes de los mencionados elementos católicos (los jesuitas de la “Civiltà Cattolica” y la Secretaría de Estado), y por otro el gobierno fascista, ya que en el clima de pacificación de los acuerdos Lateranenses con la Santa Sede, no dejó sobrevivir a la revista, sin duda alguna por influencia del Vaticano. Mussolini, que de hecho sentía aprecio por la revista y por su director, decía: “Que no toquen al P. Toth, puesto que es el único que dice la verdad y que habla claro, incluso es capaz hasta de criticarme”.

La exclusión de los católicos intransigentes en este periodo no fue algo exclusivo solo de Italia, sino que también se produjo en Francia. En 1929, un sacerdote francés, amigo y colaborador de mons. Benigni, el abbé Paul Boulin, tuvo que interrumpir la colaboración con la RISS por culpa de la intervención del comité de vigilancia de la diócesis de París, totalmente paradójico. Un consejo de vigilancia nombrado por el papa San Pío X para luchar contra el modernismo era usado para depurar a los antimodernistas. Es una prueba de que ya en esos años las cosas no eran muy normales y que explican lo que se verificó treinta años más tarde con la llegada de Juan XXIII y del Vaticano II.

R. No obstante, el modernismo había sido firmemente condenado por San Pío X. ¿Cómo es posible que sólo quince años después de su muerte se asistiera a tamaña depuración, apartando los elementos católicos antimodernistas más intransigentes, tanto en Francia como en Italia?

Don F. R.: Efectivamente el modernismo fue firmemente combatido y condenado por el Papa San Pío X, hasta tal punto que el modernismo dogmático, el referente a la exégesis, al dogma y a la teología, hubo temporalmente de batirse en retirada y hacerse el muerto. A partir de 1914, incluso un poco antes, el modernismo comenzó a replegarse al ámbito referido sobre todo de lo contingente, lo que en la encíclica “Ubi Arcano Dei”, el Papa Pío XI llamaba justamente modernismo social. Este modernismo se refugió por ejemplo en el movimiento litúrgico de los años 1920 y 1930, y en las cuestiones políticas y sociales (la democracia cristiana, el sindicalismo y el aconfesionalismo). Es decir, en materias en las cuales era más complicado distinguir lo perteneciente a la fe de aquello que es de menor importancia. Y fue así como los modernistas han sobrevivido, han repuesto las fuerzas, se han reorganizado y preparado para una venganza fulgurante, demostrada en el Vaticano II. Tuvieron un buen número de apoyos en las altas esferas, ya que sin ello no podría explicarse lo que demostraron en los años sesenta y su perduración hasta día de hoy, sesenta años más tarde.

Además es siempre un ir de mal a peor cuando vemos que en el Sínodo de la Amazonía autoriza un culto panteísta con la Pachamama, abre el camino al matrimonio de los sacerdotes y realiza al menos un paso, de forma astuta -puesto que es la forma cotidiana de actuar de los modernistas-, hacia el sacerdocio femenino. ¿Quién puede creer seriamente que este hombre es el Vicario de Cristo?

Aunque si la doctrina no cambió entre San Pío X y sus tres sucesores (Benedicto XV, Pío XI y Pío XII), como así testimonian sus encíclicas, no hay duda de que los católicos integrales, que fueron los colaboradores más fieles de San Pío X, fueron alejados con Benedicto XV y Pío XI y que hubo, por lo tanto, una desafortunada tendencia dirigida en la práctica a promocionar determinados nombramientos, mientras que se apartaba a otros. Fue el comienzo lejano, no menos real, de la situación que vivimos hoy. Yo no me cuento entre aquellos que critican sin medida a los soberanos pontífices, al contrario, pero es verdad que en ese periodo existieron elecciones de carácter práctico discutibles. Después de la condena del Sillon por parte de San Pío X y la aparente sumisión de Marc Sangnier, éste último fue exonerado pudiendo así influenciar y tomar el control de una parte importante de católicos franceses durante los años 1920-1930. En Italia ocurrió algo similar con don Sturzo; salvo que éste tuvo problemas con el régimen fascista, con quien mantenía muchas hostilidades.

En cuanto a Francia, normalmente se habla solo de la cuestión de la Action Française y no de otra cuestión que no obstante tuvo consecuencias muy importantes: las asociaciones diocesanas. Se jugó en ellas una enorme batalla que influyó notablemente en los equilibrios del catolicismo francés y del episcopado. San Pío X había rechazado las asociaciones de culto, sus sucesores, por el contrario, aceptaron las asociaciones diocesanas, aunque no eran exactamente lo mismo. Pese a que desde un punto de vista doctrinal stricto sensu no hay nada que objetar, sin embargo a efectos prácticos entre el gobierno francés y la Santa Sede, y sobre todo entre los católicos franceses, principalmente sobre el episcopado, se operó un cambio evidente de dirección que ha resultado especialmente desafortunado.

R. ¿Cómo juzgar al fascismo desde un punto de vista íntegramente católico?

Don F. R.: El fascismo en sentido estricto concierne exclusivamente a Italia, el país donde nació el movimiento fascista, aunque en un sentido amplio concierne a toda Europa con movimientos parecidos. Es el problema de un movimiento que surgió como una reacción en las trincheras por causa de peligros muy ciertos. En mi segunda conferencia expondré cuales son los puntos de acuerdo y de desacuerdo entre el fascismo y la doctrina del catolicismo integral y mostraré como dicha revista de los católicos integrales, “Fede e Ragione” juzgó al fascismo inicial, el fascismo como movimiento de 1919, desde una oposición rotunda, y después al régimen fascista a partir de finales de 1922 e inicios de 1923, cuando la política de Mussolini comenzó a cambiar, alejándose del apoyo de la masonería que había estado presente al principio, y tratando de llegar a un acuerdo entre la Iglesia Católica y el movimiento fascista.

En un primer momento, Mons. Benigni juzgó duramente al naciente movimiento fascista, entreviendo la influencia de la masonería. Seguidamente, cuando vio que existía la posibilidad gracias al gobierno nacional de Mussolini de actuar contra los enemigos comunes, es decir, contra la masonería y todas las sectas esotéricas, el movimiento modernista y democristiano y otros enemigos comunes, optó por colaborar. Hasta el punto de dar información al gobierno, en un primer momento al ministerio de Asuntos Exteriores y más tarde al ministerio de Interior. ¿Cómo es posible que un defensor del catolicismo integral pasara de una postura hostil hacia el movimiento fascista a ser un colaborador activo del movimiento de Mussolini? Es lo que explicaré en la conferencia.

R. ¿Cuáles fueron las relaciones entre el fascismo italiano y la masonería?

Don F. R.: El fascismo declaró abiertamente su oposición a la masonería (no tanto por su sustancia, es menester decirlo, sino más bien por el hecho de que la masonería era una sociedad secreta). Se publicó la resolución del Gran Consejo en la que excluía la posibilidad de pertenecer simultáneamente al partido fascista y a la masonería, y luego también se votó una ley nacional que, de hecho, suprimía las sociedades secretas. Pese a que dicha ley no mencionaba explícitamente la palabra masonería, no obstante cuando dicho proyecto de ley fue discutido en el Parlamento era evidente de que se trataba de la masonería.

Por otra parte es totalmente cierto que los principales dirigentes del fascismo italiano, en el momento de la marcha sobre Roma en octubre del 1922, con la evidente y notable excepción de Mussolini, eran casi todos iniciados. Las dos obediencias masónicas, el Gran Oriente y la Gran Logia, incluso otorgaron una ayuda económica al fascismo en la fase inicial del régimen. Pero al poco los atentados contra Mussolini fueron alentados por la teosofía y otros grupos esotéricos. De una cierta colaboración se llegó rápido a una abierta hostilidad. ¿Por qué este cambio de postura? ¿Y hasta qué punto? Será uno de los objetos de estudio de estas conferencias.

R. Pío XI fue elegido papa pocos meses antes de que Mussolini subiera al poder en octubre de 1922. ¿Cuál fue su apreciación sobre el fascismo mussoliniano?

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Firma de los Pactos de Letrán entre la Santa Sede y Mussolini en 1929.

Don F. R.: La apreciación del Papa Pío XI respondió a matizaciones. Existió una actitud favorable cuando se trató de llegar a acuerdos con el gobierno de Mussolini con ocasión de los Pactos Lateranenses de 1929, los cuales estuvieron precedidos de muchos años de negociaciones. Durante esta fase preparatoria hubo dificultades, aunque también verdaderos pasos hacia adelante. Posteriormente hubo un desencuentro por la cuestión de la educación cristiana de la juventud, hasta el punto de que Pío XI escribiera una encíclica, la “Divini illius magistri” sobre dicha materia; también hubo otro desencuentro por la cuestión de la acción católica. Por estos temas estuvo a punto de llegarse casi a la ruptura.

Las reservas de Pío XI para con el fascismo se asemejan a las de los católicos integrales, lo cual es lógico pues tanto en un caso como en otro se trata de católicos, aunque existen matizaciones. Los católicos integrales recibieron muy bien la encíclica programática de Pío XI, la “Ubi arcano Dei”; pero la línea seguida por la Secretaría de Estado del cardenal Gasparri era totalmente la opuesta, y sobre todo la del director de la revista de los jesuitas, la Civiltà Cattolica, el P. Rosa, enemigo a muerte de los católicos integrales. Resumiendo, los católicos integrales italianos, como mons. Benigni,  generalmente se mostraron más favorables al fascismo-régimen que a la Santa Sede.

R. ¿Qué pensar del Partido Popular cristiano, motivo de su tercera conferencia, aquella democracia cristiana que pareció recibir el apoyo de Pío XII después de la guerra, preocupado por combatir el comunismo que en aquél momento era muy potente en Italia?

Don F. R.:  Desde el nacimiento del Partido Popular italiano en 1919, la revista “Fede e Ragione” expresó su condena total. Durante sus diez años de existencia criticó fuertemente la democracia cristiana, sobre todo por la cuestión del aconfesionalismo. El Partido Popular italiano se definía, efectivamente, como un partido que no tenía porqué ser ni declararse católico.

¿Cuál fue, por otro lado, la actitud de Pío XII respecto la democracia cristiana? Antes que nada es necesario saber que bajo el pontificado de Pío XII, después de la guerra, el catolicismo intransigente e integral apenas existía ya, y esto resultó ser trágico. Y a parte del comunismo, el único movimiento organizado que resultó vencedor de la guerra fue el democratismo-cristiano. El papa por lo tanto tenía en cuenta esta correlación de fuerzas, preocupado en combatir un comunismo potente y amenazante. No obstante, no se identificó completamente el pontificado de Pío XII con la democracia cristiana. Son conocidos los serios problemas existentes entre De Gasperi, jefe de la democracia cristiana, y Pío XII, el cual se encontró en la situación de rechazar la visita de quien todavía era el jefe del gobierno italiano. Cuando quiso canonizar al papa Pío X, sabía las oposiciones que encontraría y conocía bien a mons. Benigni, al cual había sucedido en 1911 como subsecretario de los asuntos extraordinarios de la Secretaría de Estado. Pío XII, por lo tanto, era consciente del problema, puede que no suficientemente, pero la situación tras la guerra era demasiado crítica en todos los ámbitos.

R. Según usted, ¿Qué debe hacer hoy un militante católico?

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Salvini (Italia) y Abascal (España), líderes de la “nueva derecha” europea.

Don F. R.: Defender la realeza social de Cristo. Debemos ser íntegramente católicos y esto no es solamente adherirnos a toda la enseñanza de Cristo y de la Iglesia, lo mínimo para ser católicos, sino que es necesario organizar toda la sociedad según los principios de la fe y de la moral católica según la enseñanza de Cristo y el magisterio de la Iglesia. No hay ámbito de la vida social del hombre (político, económico, de civilización, familiar, educativo, etc.) en el cual no se deban aplicar los principios de la revelación y del magisterio. Todos esos movimientos populistas actuales que los medios definen como derecha o extrema derecha, o que incluso ellos mismos se definen con el nombre de izquierda nacional, deben ser juzgados primeramente desde el punto de vista del catolicismo y de la realeza social de Cristo. Y desde este punto de vista no se puede otra cosa que ser severos. Salvini en Italia, aunque haga discursos sensatos sobre el control de la inmigración, no quiere para nada cuestionar ni el “matrimonio” homosexual, ni el aborto, ni el carácter laico del Estado. Lo mismo Marine Le Pen en Francia y todos los partidos populistas en Europa y Occidente, que además están sometidos al sionismo y al judaísmo internacional, lo cual es inaceptable.

Nuestra finalidad, es pues, la de formar militantes católicos de hoy, de tal manera que no se dejen seducir por movimientos y sobre todo por doctrinas que no se basen en la doctrina de la realeza social de Cristo. Encuentre las dificultades que se encuentre, y son muchas, el militante católico debe combatir ondeando en alto la bandera católica de la realeza social de Jesucristo. Es necesario aprender y defender los buenos principios, ya que cada vez es mayor la confusión entre los militantes católicos actuales. Por lo tanto es indispensable formarse en todos los problemas que conciernen a la doctrina social, estudiar las fuentes buenas, los buenos autores y reencontrar también una tradición que desgraciadamente es bastante desconocida.

Rivarol del 27/11/2019, Entrevista a cargo de Jérome Bourbon. Traducción de la transcripción italiana del Centro Studi Giuseppe Federici.