Las ocho bienaventuranzas del hogar

Bienaventurado el hogar donde se reza, porque en él estará el Señor.

Bienaventurado el hogar donde se santifican las fiestas, porque sus moradores se encontrarán en la fiesta del cielo.

Bienaventurado el hogar donde no se sale para frecuentar diversiones peligrosas, porque en él reinará la alegría cristiana.

Bienaventurado el hogar donde no entran las blasfemias, ni las malas conversaciones, ni las publicaciones peligrosas, ni la intemperancia, porque será colmado de paz y bendiciones.

Bienaventurado el hogar donde los niños reciben pronto la gracia del bautismo, porque en él crecerán ciudadanos del cielo.

Bienaventurado el hogar donde se llama a tiempo al sacerdote de Dios para estar junto a los enfermos, porque en él se aliviará la enfermedad y la muerte será bendecida.

Bienaventurado el hogar donde se ama y se aprende la doctrina cristiana, porque en él la fe estará siempre viva y fulgurante.

Bienaventurado el hogar donde los padres son consolados por unos hijos cariñosos y obedientes; y donde los hijos encuentran en los padres el ejemplo del Temor de Dios, porque será nido de los justos, escuela de virtud y tabernáculo de salvación.

(Texto original de la web Sursum Corda. Traducción de Propaganda Católica)