6. Ninguna ley humana puede quitar al hombre el derecho natural y primario (Teología Política)

El 14 de septiembre de 1952, el Papa Pío XII se dirigía a los católicos austriacos, y a través de ellos también dirigía su Radiomensaje a «todos los católicos». Exhortaba a los pueblos a «seguir fielmente el camino recto de la Doctrina social católica […] sin desviarse ni a derecha ni a izquierda. Una desviación, aunque sea de pocos grados, podría parecer sin importancia al principio», no obstante «con el tiempo, tal desviación tendría como consecuencia un peligroso desvío del camino recto».

10647228956963848995627499799.jpgLa desviación «a la derecha», como nos enseña la Iglesia, puede ser muy peligrosa por la aparición de Nacionalismos, es decir, el exceso ilícito de «amor», o apego pasional a la nación que hace exagerar los elementos positivos ofuscando probablemente al intelecto, que no obstante debería contar con una faceta autocrítica, y exalta las hazañas y defiende sus derechos en contra de la verdad histórica y de la justicia para con otras naciones. Mucho más pernicioso es el Cosmopolitismo, contrario a toda distinción entre patrias y culturas, luego también de reglas (cf. Dizionario del Cristianesimo, E. Zoffoli, Sinopsis, Roma, 1992, p. 336 ss.).

Mientras el Nacionalismo, en sus ideas, doctrinas y movimientos, sostiene – aunque de manera desordenada y por defecto de exceso – el concepto de «identidad nacional» y de la Nación misma, en algunas circunstancias en detrimento de la «recta razón»; el Cosmopolitismo es, al contrario, una utopía éticamente lesiva que querría hacer del hombre un supuesto «ciudadano del mundo», en un universo indefinido de «pasiones desordenadas» convertidas en “virtudes” vagas y subjetivas, pero generales. En realidad no se trata de otra cosa que del vicio, o sea, de «pasiones desordenadas» no erradicadas o no controladas por aquella «Cultura Identitaria» – identidad sociocultural de un sujeto, en este caso de Cristo en el Cristianismo – que es objetivamente «superior» e históricamente «vencedora» (Ivi.).

Ya el Papa Pío XI, en la Non abbiamo bisogno, había condenado el Fascismo acusándolo de «estatolatría pagana», mientras condenó el Nazismo en la Mit Brennender Sorge. En el transcurso de nuestros artículos citaremos estos documentos para comprender los motivos y magnitud de estos santos anatemas, como también hablaremos de las condenas a la autodenominada Democracia Cristiana, fundada por el apóstata Murri y precipitada en el laicismo total contra la justicia y verdad de Dios: un Escudo sin Cruz.

En condenar el Comunismo, el Socialismo, el Nihilismo, las Sociedades Secretas, las Sociedades Bíblicas y las Sociedades Clérico-Liberales, ya lo había pensado Pío IX, que habla de verdaderas y propias «pestilencias», y otros Pontífices anteriores. El Papa Mastai Ferretti en la Quanta Cura explica que, las Naciones abiertas al Cosmopolitismo y a la Globalización son el hábitat idóneo donde este tipo de ideologías se multiplican y encuentran consensos y adeptos dispuestos al adoctrinamiento casi militar.

Tales «pestilencias» aparecen condenadas más veces y con fuertes términos en la Qui pluribus (9 noviembre 1846), en la Quibus Quantisque (20 abril 1849), en la Noscitis et Nobiscum (8 diciembre 1849), en la Singulari Quadam (9 diciembre 1854) y en la Quanto Conficiamur (10 agosto 1863).

En la Teología política o Doctrina social, dichas «pestilencias» se abren camino a codazos contra la catolicidad y emergen con fuerza en las corrientes del Modernismo y de la Nouvelle Théologie.

img_20190920_1752336152008991974525953.jpgEn el mismo Radiomensaje a los austriacos (1952), el Papa Pacelli sentencia que «solo el matrimonio religioso, y nunca el matrimonio exclusivamente civil, es para el católico un verdadero matrimonio». León XIII, en la Arcanum Divinae (10 febrero 1880), había afirmado: «Todos deben igualmente saber que, si se llevara a cabo entre fieles una unión de hombre con mujer fuera del sacramento, tal unión carece de toda fuerza y razón de legítimo matrimonio; y que, aun cuando se hubiera verificado convenientemente conforme a las leyes del país, esto no pasaría de ser una práctica o costumbre introducida por el derecho civil […]».

En su Discurso a la Rota del 3 de octubre de 1941 (AAS, 35 [1941], 421-426), Pío XII declara: «Si se considera el derecho al matrimonio, nuestros gloriosos predecesores León XIII y Pío XI enseñaron ya que ninguna ley humana puede quitar al hombre el derecho natural y primario de casarse».

Carlo Di Pietro en ControSenso Basilicata

(Traducido por Propaganda Católica del original)