Anticristo (Diccionario de Teología Dogmática)

El término es propio de San Juan, pero el concepto es común a los demás autores de la Biblia (v. Ez. cc. 28-29; Dan. cc. 7-8; Mt. 24, 5, 24; Mc. 13, 6, 22; Lc. 21, 8; 2 Thes. 2, 3-12; 1 Jo. 2, 18-22; 4, 3; 2 Jo. 7; Apoc. 11, 7 ss; cc. 13-14).

Beasts of Appocalypsis
Tradicionalmente se ha interpretado a la bestia del mar del Apocalipsis como el Anticristo político (el judaísmo, la masonería, el comunismo, etc.).

El Anticristo es en general una fuerza hostil a la persona y a la obra de Cristo. La interpretación común entre los escritores cristianos ve en el Anticristo un personaje distinto de Satanás, pero sostenido por él, que se manifestará en los últimos tiempos antes del fin del mundo, intentando un ataque y triunfo decisivo sobre Cristo y su Iglesia. San Pablo lo describe como «el hombre inicuo, el hijo de la perdición, el adversario que se alza sobre todo lo que se llama o es objeto de culto, hasta sentarse en el templo de Dios, proclamando ser él mismo Dios… el malvado cuya venida por obra de Satanás será acompañada de toda clase de portentos y prodigios, y señales falaces, y de toda suerte de seducciones de la perversidad, para arrastrar a los que se pierden por no haber recibido el amor de la verdad que les hubiera salvado» (2 Thes. 2, 3, 9-10).

Lo que impide que se desencadene este poder formidable es un misterioso obstáculo que al mismo tiempo, en abstracto se considera una fuerza y en concreto una persona. La identificación precisa de este impedimento es difícil y varía según los autores. Entre los exegetas modernos se abre paso la opinión según la cual el Anticristo no es una persona, sino una colectividad: son los agentes del anticristianismo de todos los tiempos. San Juan habla de «muchos Anticristos», que no reconocen a Jesús ni al Padre. San Pablo dice que «el misterio de la iniquidad está obrando» (2 Thes. 2, 7), y pide a los que se sienten firmes que se mantengan hasta que sea quitado el impedimento. Si este obstáculo está siempre en acción contra el Anticristo, quiere decir que también éste está  continuamente trabajando. Pero se ha de notar que el obstáculo impide la manifestación del Anticristo, no su obra personal. El Anticristo-persona se revelará en la última fase de la lucha anticristiana, que continúa por todos los siglos y prepara lentamente la aparición del «hijo de la perdición» al fin de los tiempos.

(Parente, Pietro; Piolanti, Antonio; Garolafo, Salvatore. Diccionario de Teología Dogmática. Barcelona: Editorial Litúrgica Española, 1955)