5. ¿Las futuras generaciones bendecirán o maldecirán a los políticos y a los administradores? (Teología Política)

El 2 de junio de 1947, en el Discurso al Sagrado Colegio en la fiesta de San Eugenio, el papa Pío XII vuelve a recalcar la línea doctrinal y moral útil para la sanación, humana y política (Doctrina Social), de los graves problemas relacionados con los «importantes acontecimientos de la hora presente» y con los «peligros que amenazan al mundo». Habla el Papa de un auténtico «veredicto de la historia», que sabrá juzgar y dará los «frutos» en función de las «decisiones que se lleven a cabo».

Traemos una advertencia más sobre la necesidad de formar a los pueblos en la Teología política contra todo afán excesivo de laicidad, el cual no es otra cosa que el rechazo abierto contra las reglas santas y universales, el odio hacia Dios, al sacrificio y al edificar sobre la roca: «[…] viro stulto, qui aedificavit domum suam supram arenam […] et cecidit, et fuit ruina eius magna», dice el Señor (cf. Mt. 7, 21-26).

le-tribunal-du-travail-de-liege-reporte-des-audiences-par-manque-de-juges_justice_image_pr_texteSe pregunta pues el Pontífice si «¿Las futuras generaciones os bendecirán u os maldecirán?». ¿Serán capaces las autoridades de «suscitar el sentimiento de fraternidad» y de ejecutar un ordenamiento de derecho y de paz «digno del hombre, útil y aceptable para todos»; o por  el contrario favorecerán, mediante medidas injustas, la «progresiva decadencia en las ciénagas pantanosas de la discordia o de la violencia»? ¿Cuál será el «veredicto de la historia»?

El clarividente Papa Pacelli advierte a quienes ostentan altas responsabilidades: «[…] la progresiva decadencia […] no puede exhalar otra cosa que los olores pestilentes y dañinos de nuevas e incalculables calamidades». Calamidades humanas pero sobre todo sobrenaturales: los castigos de Dios. Traza luego algunas indicaciones en materia de Seguridad, de Prosperidad, de Libertad, de ayuda a la Juventud, de defensa de la Familia, de Paz y de Amor, exhortando finalmente a los pueblos a ¡«No temer»!

Sobre la situación europea, las reflexiones de Su Santidad resultan cuánto menos proféticas: «¿Cómo podría sentirse segura una Europa cuyos miembros fuesen víctimas de la desesperación y del desánimo, oscuras y lúgubres potencias de disgregación, de las cuales abusarían los alborotadores del mañana, igual que hicieron los de ayer?» La solución a los problemas de seguridad, como la historia enseña, se encuentra en la «salud física y moral del pueblo», que garantice (por extensión) el «recto orden público» tanto en política interna como externa, y las «normales relaciones con los países vecinos». Odiar a la Iglesia significa odiar la Paz y el Amor: «[…] quienes ven las cosas según la luz del orden divino, no cabe duda que incluso en las rivalidades más difíciles, ya sea por intereses humanos o nacionales, tendrán un lugar para una solución pacífica […] Este es el motivo por el que alimentan el odio contra la Iglesia todos aquellos que, viviendo de las disensiones y de los conflictos, sólo les interesa azuzar cada vez más».

Queda bien claro que la Iglesia de la que habla Pío XII es la Iglesia «Una, Santa, Católica y Apostólica» (cf. Satis Cognitum), actualmente tristemente muy eclipsada en su visibilidad por el simulacro Vaticanosegundista.

2018091712242927475Respecto a lo concerniente a la prosperidad de los pueblos y de los Estados, Pío XII aboga ciertamente por un libre mercado, pero regulado por una rígida moral cristiana, como única alternativa a las crisis económicas y al desempleo. De hecho, la prosperidad de las Naciones «no puede ser sólida y segura, si no es el destino común de todas ellas. Por ello no descartamos que, la inactividad y la impedida transacción comercial a la que se han visto obligados algunos pueblos, conlleven de aquí a no muchos años, crisis económicas y desempleo incluso en las demás». Basta pensar hoy en las trágicas consecuencias de las disparatadas sanciones contra Rusia.

Otra cuestión muy apreciada por Dios, luego también a la Iglesia, es la de la verdadera libertad, nada que ver con el misericordismo de los descaminados. Libertad de los pueblos en un momento histórico en el cual, desgraciadamente, «nada les es seguro: ni el techo, ni los bienes, ni la libertad, ni el honor; así se va apagando en el corazón el último rayo de serenidad, la última chispa de ardor». El docto teólogo reflexiona sobre su Radiomensaje Navideño de 1944 y calma los fáciles entusiasmos que trae el binomio democracia-libertad, ya que «no son pocos lo que temen que la confianza puesta en dicho ordenamiento democrático disminuya por el gran contraste» entre la «democracia de palabra» y la «realidad concreta». Fulmina a los demagogos que utilizan la democracia para privar a los hombres de la verdadera libertad, señalando que: «únicamente sobreviven, por una parte, las victimas engañadas por la fascinación aparatosa de la democracia […] y por otra, los explotadores más o menos numerosos que han sabido, mediante la fuerza del dinero o de la organización, asegurarse sobre los demás una posición privilegiada y aun el mismo poder» (Ibi.).

Hay que ir con precaución y que los jóvenes no se desanimen, exhorta el Vicario de Cristo: crisis general, cambios económicos y sociales, la incertidumbre sobre el mañana, el desánimo en los ancianos a causa del pésimo ejemplo de quien gobierna, escepticismo en los principios y valores morales. Corremos el peligro de que los jóvenes «intoxicados por este ambiente malsano», terminen «cayendo en el nihilismo absoluto». Y lanza un último y profético aviso: «¡Peligroso será para los pueblos el día en que se haya extinguido en el alma de la juventud el fuego sagrado de la fe, de los ideales, de la prontitud para el sacrificio y del espíritu de compromiso! Por muy breve que sea dicho periodo, ¿Qué destino podrá tener?» Un destino basado únicamente en pasiones y derechos, que no conduce ni a la libertad ni al bien social, solamente a la lucha entre delirantes, a la condenación.

Pero Dios no falla nunca a Su Palabra, todo lo contrario que «insinúan las muecas de los egoístas y de los juerguistas». Por ello hay que confiar y esforzarse en la práctica de las virtudes cristianas, que se oponen a las exigencias nihilistas de “canonización” del vicio. Hay que contrarrestar el mal empezando por las familias, cuyo destino está estrechamente ligado a Dios y a la Iglesia; «la familia es el vivero y escuela natural donde se prepara el hombre del mañana».

quodEnlaza lo dicho hasta ahora -en perfecta continuidad magisterial sobre fe y moral desde Cristo hasta Pío XII-, con la durísima condena de León XIII en la Quod Apostolici Muneris, donde el místico papa concretiza y desenmascara al enemigo contra el que hay que luchar con todas las fuerzas, puesto que es el corruptor de la juventud, de la familia y de la sociedad entera: «Nos hablamos de aquella secta de hombres que, bajo diversos y casi bárbaros nombres de socialistas, comunistas o nihilistas […], confiados y a cara descubierta, […]se empeñan en llevar a cabo el plan, […] de trastornar los fundamentos de toda sociedad civil. […] Estos son ciertamente los que, según atestiguan las divinas páginas, “mancillan la carne, desprecian la dominación y blasfeman de la majestad”. Nada dejan intacto e íntegro de lo que por las leyes humanas y divinas está sabiamente determinado para la seguridad y decoro de la vida. […] Y andan predicando la perfecta igualdad de todos los hombres en derechos y deberes. Deshonran la unión natural del hombre y de la mujer, que aun las naciones bárbaras respetan […] Impugnan el derecho de propiedad sancionado por la ley natural […] Y estas monstruosas opiniones publican en sus reuniones […]».

Concluye Pío XII su intervención con una llamada al estudio y a la práctica de la Teología política: «[…] ningún temor por perder bienes o ventajas temporales, o de parecer menos partidarios de la civilización moderna, o menos nacionales o sociales, puede llevaros a los verdaderos cristianos a desviaros, aunque sea un solo paso, de este camino».

Cita al final aquellas palabras: «¡Resistite fortes in fide!», y San Pío X aquellas otras: «Os llamarán papistas, retrógrados, intransigentes, clericales: ¡estad orgullosos!».

Carlo Di Pietro en ControSenso Basilicata

(Traducido por Propaganda Católica del original)