4. La apostasía de los Estados: restaurar todas las cosas en Cristo (Teología Política)

4San Pío X anuncia los fines de su Pontificado en la Encíclica E Supremi Apostolatus Cathedra, del 4 de octubre de 1903, la cual contiene el lema sintético y descriptivo «Instaurare omnia in Christo».

Contra cualquier tendencia exegética contemporánea que trataría de tergiversar las intenciones integristas -doctrinales y sociales- de San Pío X, transformándolas de facto en democristianas, es necesario precisar que la saeta «Instaurare omnia in Christo» contiene en sí misma, y sobre todo, el anatema contra el modernismo doctrinal, e inevitablemente también contra el modernismo social. El Modernismo es, según la Iglesia, la síntesis de todas las herejías.

Sin temor a equivocarse, como de hecho veremos en los siguientes artículos basados en la encíclica Notre Charge Apostolique, San Pío X arremete ora contra los ateos de profesión, ora contra los desgraciados demócrata-cristianos; todos ellos contaminados por ese espíritu laicista surgido de las logias masónicas y que ha contagiado a tanta gente.

El Papa Sarto pone de manifiesto que las «pestíferas miasmas» de una doctrina perversa, favorecidas en lugar de ser extirpadas, pueden conducir de forma errónea al católico de buena fe a creer que la enseñanza Social de la Iglesia se sitúa en el ámbito de la libre elección, siendo ésta absurdamente considerada como algo opinable; sino que además pueden favorecer, sobre todo los que ocupan cargos con autoridad, a todos esos falsarios que  detrás de sus sofismas esconden sus malvadas intenciones (cf. Humani Generis, Pío XII), las cuales, desgraciadamente, se manifiestan en una legislación inicua, es decir, en medidas no conformes a los dictámenes morales de la Iglesia y de la ley natural, siendo perniciosísimas ex natura.

En 1913, conmemorando el XVI Centenario del providencial Edicto de Constantino, el Pontífice instruía a la gente con estas palabras: «[…] cuanto más las falsas máximas del error y de la perversión moral infesten el aire con sus pestíferas miasmas, tanto mayores serán los méritos que podréis conquistar delante de Dios, si hacéis todos los esfuerzos para evitar el contagio y no os dejáis arrebatar ninguna de vuestras convicciones, permaneciendo fieles a la Iglesia».

Retoma, de esta forma, la advertencia del Apóstol a los Gálatas (1, 10): «[…] ¿Busco yo ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿Acaso busco agradar a los hombres? Si aun buscase agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo […]».

Se vienen abajo, evidentemente, todas aquellas frágiles interpretaciones modernas acerca de un San Pío X democristiano y liberal, cuando es justo lo contrario: se desprende de él una voluntad firme contrapuesta a la cultura del mundo neomasónico y guiada por la Restauración de todas las cosas en Cristo, cuyo lema ha de entenderse siempre y exclusivamente en el sentido integrista, de restauración.

En el discurso de canonización del Papa Sarto afirma Pío XII: “La lucidez y firmeza con que Pío X dirigió la lucha victoriosa contra los errores del modernismo atestiguan en qué grado ardía en su corazón de santo la virtud de la fe […]».

Muchos piensan que la teología no tiene nada que ver con la Política (Doctrina Social), sin embargo es la recta razón misma la que nos da a comprender que la materia teológica, aún tratando sobre todo de fe y de moral, no es una ciencia abstracta e ineficaz, sino que debe plasmarse en la concreta actuación de la vida de los individuos y por lo tanto en la legislación. Una mala legislación es casi siempre sinónimo de tristeza, de aridez, de rencor, de pesimismo, de injusticias y de revolución.

Monseñor Emile Guerry, Arzobispo de Cambray, escribía en 1958: «[…] es importante, por lo tanto, precisar correctamente que el católico digno de este nombre tiene la obligación de adherirse a la Doctrina Social de la Iglesia». Él, observando a una Francia ya descristianizada por la masónica Revolución Francesa, precisa: creer como facultativa la promulgación de una legislación cristiana en la política es «un error al cual van conectados la ignorancia, el olvido y el abandono de los cuales sufre Francia desde hace una decena de años» por haber rechazado la Doctrina Social de la Iglesia (cf. La Doctrine sociales de l’Eglise, París).

Su Santidad Pío XII en su Alocución a los participantes del Congreso de la Acción Católica Italiana, el 29 de abril de 1945, les imparte esta enseñanza: la verdadera Doctrina social «es obligatoria, nadie puede alejarse de ella sin peligro para la fe y el orden moral».

Carlo di Pietro en ControSenso Basilicata

(Original de la web Sursum Corda. Traducido por Propaganda Católica)