J. M. Bergoglio y la educación sexual

edEl 28 de enero de 2019, durante el vuelo de regreso de la “Jornada Mundial de la Juventud” (JMJ) en Panamá, J. M. Bergoglio como de costumbre en sus entrevistas, ha soltado una de sus perlas. Respondiendo a las preguntas de los periodistas ha hablado sobre el “sexo” y de la educación sexual. Evidentemente, dichas palabras de Bergoglio no son la expresión de un magisterio solemne e infalible; manifiestan, no obstante, su opinión, en la forma habitual que tiene de afrontar cuestiones delicadas. Cuestiones que deberían afrontarse con extrema atención y competencia, pero que sin embargo son tratadas de una forma desacralizada entre varios chistes. Él se expresa como doctor privado, aunque en el imaginario colectivo sus palabras sean recibidas como palabras del Papa y tengan mucha más fuerza que tantísimos documentos oficiales porque “lo ha dicho el Papa, luego se puede hacer y no hay nada malo en ello…”.

La finalidad de este artículo es comparar las palabras de “Francisco” con la enseñanza de los Papas “preconciliares” y hacer alguna pequeña reflexión.

Las palabras de Bergoglio

Hablando de materia tan delicada como la educación sexual, ha afirmado: «En las escuelas hay que dar educación sexual, el sexo es un don de Dios, no es un monstruo, es un don de Dios para amar. Que luego algunos lo usen para ganar dinero o explotar es otro asunto. Pero hay que dar una educación sexual objetiva, sin colonización ideológica. Si empiezas dando una educación sexual llena de colonización ideológica, destruyes a la persona. Pero el sexo como don de Dios debe ser educado, no con rigidez. Educar proviene de “e-ducere”, en el sentido de hacer que surja lo mejor de la persona y acompañarla por el camino. El problema es el sistema: cuáles maestros elegir para esta tarea y cuáles libros de texto. He visto algún libro un poco sucio. Hay cosas que hacen madurar y cosas que hacen daño. No sé si en Panamá se está trabajando en esto, no entro en la política. Pero es necesario que haya una educación sexual. Lo ideal es comenzar desde la casa, con los padres, aunque no siempre es posible, porque las familias no saben hacerlo. Y, por lo tanto, la escuela suple esto, porque de lo contrario quedará un vacío que después será llenado con una ideología cualquiera».(1) Es de señalar que estas afirmaciones de “Francisco” no son una novedad y se encuentran también en Amoris Laetitita, en un párrafo titulado “Sí a la educación sexual” (2), en el cual, retomando la Gravissimus educationis de Pablo VI de 1965, se explica detalladamente la necesidad y la utilidad de la educación sexual. Tras el Concilio, la gente está tan habituada a ver contradicho el Magisterio de la Iglesia en todo aquello que ya se había posicionado precedentemente, que ya ni siquiera se sorprende lo más mínimo.

La enseñanza del magisterio “preconciliar”

  • Pío XI

¿Qué piensa la Iglesia sobre la educación sexual? ¿Qué han dicho los Papas del pasado (antes del Concilio, evidentemente)? ¿A quién corresponde el deber de desarrollar y procurar una materia tan espinosa?

Pío XI en su Encíclica Divini illius Magistri, sobre la educación,  del 31 de diciembre de 1929, declaraba equivocada la educación sexual tal como se presentaba en sus tiempos, véase como una información naturalista, impartida precozmente y de manera indiscriminada.  He aquí sus palabras:

Papa Pío XI«Peligroso en sumo grado es, además, ese naturalismo que en nuestros días invade el campo educativo en una materia tan delicada como es la moral y la castidad. Está muy difundido actualmente el error de quienes, con una peligrosa pretensión e indecorosa terminología, fomentan la llamada educación sexual, pensando falsamente que podrán inmunizar a los jóvenes contra los peligros de la carne con medios puramente naturales y sin ayuda religiosa alguna; acudiendo para ello a una temeraria, indiscriminada e incluso pública iniciación e instrucción preventiva en materia sexual, y, lo que es peor todavía, exponiéndolos prematuramente a las ocasiones, para acostumbrarlos, como ellos dicen, y para curtir su espíritu contra los peligros de la pubertad.

Grave error el de estos hombres, porque no reconocen la nativa fragilidad de la naturaleza humana ni la ley de que habla el Apóstol, contraria a la ley del espíritu (cf. Rom 7,23), y porque olvidan una gran lección de la experiencia diaria, esto es, que en la juventud, más que en otra edad cualquiera, los pecados contra la castidad son efecto no tanto de la ignorancia intelectual cuanto de la debilidad de una voluntad expuesta a las ocasiones y no sostenida por los medios de la gracia divina.

En esta materia tan delicada, si, atendidas todas las circunstancias, parece necesaria alguna instrucción individual, dada oportunamente por quien ha recibido de Dios la misión educativa y la gracia de estado, han de observarse todas las cautelas tradicionales de la educación cristiana, que el ya citado Antoniano (3) acertadamente describe con las siguientes palabras: «Es tan grande nuestra miseria y nuestra inclinación al pecado, que muchas veces los mismos consejos que se dan para remedio del pecado constituyen una ocasión y un estímulo para cometer este pecado. Es, por tanto, de suma importancia que, cuando un padre prudente habla a su hijo de esta materia tan resbaladiza, esté muy sobre aviso y no descienda a detallar particularmente los diversos medios de que se sirve esta hidra infernal para envenenar una parte tan grande del mundo, a fin de evitar que, en lugar de apagar este fuego, lo excite y lo reavive imprudentemente en el pecho sencillo y tierno del niño. Generalmente hablando, en la educación de los niños bastará usar los remedios que al mismo tiempo fomentan la virtud de la castidad e impiden la entrada del vicio.»

A esta encíclica le siguió un Decreto del S. Oficio del 21 de marzo de 1931 (AAS 23 (1931) pp. 118-119) sobre la educación sexual.  A la pregunta: «Si puede aprobarse el método que llaman de “la educación sexual” y también de la “iniciación sexual”», responde: «Negativamente; y ha de guardarse absolutamente en la educación de la juventud el método que por la Iglesia y por hombres santos ha sido hasta el presente empleado y que S. S. ha recomendado en su Carta Encíclica “De christiana inventae educatione”, fecha el día 31 de diciembre de 1929. Ha de procurarse ante todo una plena, firme y nunca interrumpida formación religiosa de la juventud de uno y de otro sexo; hay que excitar en ella la estima, el deseo y el amor de la virtud angélica e inculcarle con sumo interés que inste en la oración, que sea asidua en la recepción de los sacramentos de la penitencia y de la Santísima Eucaristía, que profese filial devoción a la Bienaventurada Virgen, madre de la santa pureza y se encomiende totalmente a su protección; que evite cuidadosamente las lecturas peligrosas, los espectáculos obscenos, las malas compañías y cualesquiera ocasiones de pecar. Por tanto, en modo alguno puede aprobarse lo que, particularmente en estos últimos tiempos, se ha escrito y publicado, aun por parte de algunos autores católicos, en defensa del nuevo método. (4)»

  • Pío XII

El magisterio de Pío XII completa la enseñanza de su predecesor: «Vosotras, con vuestra perspicacia de madres y educadoras, gracias a la leal sinceridad de corazón que habréis sabido influir en vuestros hijos, no dejaréis de escudriñar y de discernir la ocasión y el momento en que ciertas misteriosas cuestiones presentadas a su espíritu habrán causado en sus sentidos especiales perturbaciones. Os corresponderá entonces a vosotras con vuestras hijas, al padre con vuestros hijos -en cuanto parezca necesario- levantar cauta y delicadamente el velo de la verdad, dándoles respuestas prudentes, justas y cristianas a aquellas cuestiones y a aquellas inquietudes. Las revelaciones sobre las misteriosas y admirables leyes de la vida, recibidas oportunamente de vuestros labios de padres cristianos, con la debida proporción y con todas las cautelas obligadas, serán escuchadas con una reverencia mezclada de gratitud e iluminarán sus almas con mucho menor peligro que si las aprendiesen al azar, en turbias reuniones, en conversaciones clandestinas, en la escuela de compañeros poco de fiar y ya demasiado versados o por medio de ocultas lecturas tanto más peligrosas y perjudiciales cuanto su secreto inflama  más la imaginación y excita los sentidos. Vuestras palabras, si son ponderadas y discretas, podrán convertirse en salvaguarda y aviso frente a las tentaciones de la corrupción que los rodean, pues menos hiere la saeta prevista.» (5)

pio-xii-_451_573_1381206Hablando “A los padres franceses” en 1951, Pío XII afirmaba: “Existe un ámbito sobre el cual, la educación de la opinión pública, debe rectificar con carácter de máxima urgencia. Dicho ámbito de la educación se ha pervertido por una campaña que no vacilamos en calificarla de funesta, pese a que muchas veces tiene orígenes en fuentes católicas y busca abrirse camino entre los católicos, y aquellos que la promueven parecen no darse cuenta que están siendo engañados por el espíritu del mal. Nos referimos a escritos, libros, artículos que tratan sobre la iniciación sexual y que hoy en día cosechan gran éxito en las librerías e inundan el mundo entero, apoderándose de la infancia, enterrando a las nuevas generaciones, perturbando a los jóvenes en el noviazgo y a los recién casados. Con toda la seriedad, la atención y el decoro que dicha cuestión requiere, la Iglesia ha tratado el punto tocante a cómo aconsejan o piden desarrollar esta materia, tanto tratando del desarrollo físico y psíquico normal del adolescente, como de los casos particulares de las distintas condiciones individuales. Con toda razón la Iglesia puede afirmar que, profundamente respetuosa de la santidad del matrimonio, ha dejado libres a los esposos, tanto en la teoría como en la práctica, en aquello que da el impulso de una naturaleza sana y honesta sin ofender al Creador. Estamos horrorizados enfrente del intolerable descaro de ciertas lecturas, y mientras el mismo paganismo frente al secreto de la intimidad conyugal parecía detenerse respetuosamente, nos toca ahora ver violado el misterio y ofrecerlo a la vista -de forma sensual y vivido- como pasto al gran público, incluida la juventud. Realmente habría que preguntarse si existe alguna línea divisoria entre esta iniciación sexual que se dice católica y la imprenta y la ilustración erótica y obscena, que con intención deliberada busca la corrupción y se enriquece vergonzosamente con viles intereses y los más bajos instintos de la naturaleza caída. Y esto no es todo. Esta propaganda amenaza también al pueblo católico con un doble flagelo, por no usar otra expresión más fuerte. En primer lugar exagera la importancia y la magnitud del elemento sexual en la vida. Supongamos que estos autores,  solo en teoría, se encuentran en los límites de la moral católica: ello no quita sin embargo que del modo como presentan la vida sexual, en la mente y en el juicio práctico del lector medio, entiendan ésta como fin en sí mismo, perdiendo de vista el verdadero fin primordial del matrimonio, esto es, la procreación y la educación de los hijos, y el grave deber de los esposos frente a dicho fin, del cual estos escritos de los que hablamos dejan demasiado entre las sombras.

En segundo lugar, esta literatura (si es que así puede llamarse), no parece tener en cuenta la experiencia general del ayer, hoy y siempre, la cual fundada sobre la naturaleza, demuestra que ni la iniciación, ni la enseñanza, ofrecen de por sí ninguna ventaja para la educación moral, antes bien, la convierten en seriamente malsana y perjudicial cuando no está estrechamente ligada a una disciplina constante, a un fuerte control de sí mismo y al uso sobre todo de las fuerzas sobrenaturales de la oración y de los sacramentos. Todos los educadores católicos, dignos de este nombre y de su misión, saben perfectamente la parte predominante que ocupan las energías sobrenaturales en la santificación del hombre, ya sea joven o adulto, célibe o casado. Pero esto sería ya demasiado que se insinuara en tales escritos, cuando solo se extiende el silencio. Aún los principios del sabio e ilustre Nuestro Predecesor, Pío XI, en la encíclica Divinus illius Magistri, sobre la educación sexual y cuestiones relacionadas, son dejados de lado con una compasiva sonrisa. ¡Pío XI -dicen- escribía esto hace veinte años para los de su tiempo! ¡Como si el camino existiera solo para el momento presente!»  (6)

Estos textos de Pío XI y Pío XII resultan muy claros y edificantes, y no tienen necesidad de ser comentados ya que por sí solos arrojan luz sobre la delicada cuestión de la educación sexual. Ellos proporcionan verdaderamente los principios generales de una buena educación católica, que podría resumirse así:

  • El rechazo del naturalismo en la educación de los hijos.
  • Es necesario tener en cuenta la fragilidad humana y de la naturaleza corrompida por el pecado original cuando se aborda la educación sexual.
  • El deber y la responsabilidad de tratar sobre dichas cuestiones corresponde principalmente a los padres (a las madres las chicas y a los padres los chicos, precisa Pío XII) y debe hacerse con espíritu sobrenatural y fe profunda.
  • Mejor excederse por defecto que por exceso en las explicaciones para no despertar el fuego de las pasiones, pero es necesario dar una respuesta prudente a las preguntas de los propios hijos.
  • Exhortar a la virtud y a su belleza ayuda a reprimir y a inspirar el horror al vicio contrario a ésta.
  • La Iglesia es profundamente respetuosa de la santidad del matrimonio, y deja libres a los esposos en aquello que da el impulso de una naturaleza sana y honesta sin ofender al Creador.
  • La vida sexual no es un fin en sí mismo, sino que se ordena al fin primordial del matrimonio, esto es, la procreación y la educación de los hijos, que es a su vez un grave deber de los esposos. Y esto es olvidado y omitido de forma intencionada por la “educación sexual” moderna.
  • Es muy importante en la educación cristiana encomendarse a las fuerzas sobrenaturales como la oración, la frecuentación de los sacramentos y la devoción a la Santísima Virgen María.

Reflexiones y conclusiones

Hemos visto como la educación sexual, condenada precedentemente por el Magisterio de la Iglesia y definida como peligrosa, una vez más Bergoglio, siguiendo el Vaticano II y a “san” Pablo VI (y también podríamos añadir a “san” Juan Pablo II con su “Teología del cuerpo”) la ha alentado y recomendado. Aunque no se trata ni de  Magisterio ordinario ni infalible, esto es un elemento más (si es que acaso necesitamos más) que demuestra, junto con el resto, la ausencia de una voluntad objetiva del ocupante de la Sede Apostólica, para procurar el bien de la Iglesia y de las almas, por lo que a consecuencia de ello permanece privado de la “Autoridad”, es decir, de no ser Papa formaliter, simpliciter, sino solo ocupante material de la Sede Apostólica.

Nos preguntamos qué habrá entendido la gente de las palabras de Bergoglio y qué se les habrá quedado en la mente.

Decir que “el sexo es un don de Dios, no es un monstruo, es un don de Dios para amar. Que luego algunos lo usen para ganar dinero o explotar es otro asunto”, da a entender, sobre todo a  aquellos que tienen poca formación o que tienen una mala voluntad, que todo está bien, puesto que Dios ha creado la naturaleza humana así y que al final el sexto mandamiento no parece ser ya un problema, ya que todo está permitido, puesto que en dicha frase se omite toda referencia al matrimonio,  que solo el cual hace lícito el uso del “sexo” (7), o alguna referencia al mandamiento divino que no permite los abusos. Se esperaría de quien ocupa la Sede de Pedro una valoración moral, un consejo espiritual o una exhortación a la templanza, en lugar de un análisis sociológico que ve malo solo que “algunos lo usen para ganar dinero o explotar”. Pero probablemente para Bergoglio también el cristianismo es una “colonización ideológica” (8) que se implanta sobre una naturaleza buena a lo Rousseau.

Bergoglio afirma que: “El problema es el sistema: cuáles maestros elegir para esta tarea y cuáles libros de texto. Lo ideal es comenzar desde la casa, con los padres”, cosa que puede ser verdad, pero decir que: “la escuela suple porque las familias no saben hacerlo” sin precisar cómo se debería hacer, me parece un poco reduccionista y arriesgado, sobre todo cuando se trata de la escuela laica y no católica que trabaja con los principios del naturalismo masónico. Asimismo, me parece que todo ello está en oposición con lo afirmado por el magisterio de Pío XI y Pío XII (aunque para Bergoglio este es el último de los problemas…).

La mayor parte de las veces, cuando se ve cómo actúan y cómo se expresan los modernistas en un modo intencionadamente confuso, el problema no es tanto lo que dicen y afirman sino lo que dejan de decir y dan a entender, para así generar confusión. En definitiva, el problema en nuestras escuelas no es tanto la ausencia de “educación sexual” o el de presentar la sexualidad como “un monstruo”, sino más bien la enseñanza fundamental sobre el pecado, incluido también el pecado contra natura (contra el cual  resulta totalmente inútil la alusión a la “colonización ideológica” por parte de tantos educadores).

Usquequo Domine? Qué cosas tendremos que oír todavía…

don Ugolino Giugni

 

(1) La cita se puede encontrar en varios sitios en Internet. Hemos citado a “Vatican Insider”, con alguna corrección a partir del vídeo de la rueda de prensa. https://www.lastampa.it/2019/01/28/vaticaninsider/venezuela-el-papa-teme-que-se-derrame-sangre-he0ai68iK5PhptJaCqH4xO/pagina.html

(2) Exhortación Apostólica Postsinodal del Santo Padre Francisco. Se puede encontrar en la web del Vaticano: http://w2.vatican.va/content/vatican/it.html

(3) Silvio Antoniano, Dell’educazione cristiana dei figliuoli, lib. Il, c. 88

(4) Decreto del Santo Oficio De «Educatione sexuali» et de «eugenica» del 21 de marzo de 1931 (AAS 23 (1931) pp. 118-119).

(5) Pío XII, Alocución a las mujeres italianas de Acción Católica del 26 de octubre de 1941. En español en: Colección de Encíclicas y Documentos Pontificios (ACE, 1962) Vol. II, pág. 1671.

(6)Pío XII, alocución a los Padres de familia del 18/09/1951 (aas 43 [1951] pp. 730-734). Lo hemos traducido del italiano del artículo de Sodalitium.

(7) El término “sexo” suena mal y usado así es una “palabra fea”, como dice Pío XI en la Divinus illius Magistri, no obstante lo uso para reprender a Bergoglio que lo ha hecho entrar en el “magisterio pontificio”.

(8) Las palabras “colonización ideológica” hacen referencia, en realidad, a la ideología de género que Bergoglio quería estigmatizar. No obstante son pocos los que han entendido el significado de estas palabras.

 

(Artículo original de Sodalitium. Traducido por Propaganda Católica)