Apostolicidad (Diccionario de Teología Dogmática)

Apostolicidad (de la Iglesia):

esglesia_prioral_imatge_sant_pere_1

La Apostolicidad es la cuarta y última nota o propiedad  que el Símbolo Niceno-Constantinopolitano atribuye a la Iglesia. Nace de la naturaleza íntima de la misma Iglesia; en efecto, siendo ella la humanidad organizada socialmente en Cristo, es decir, jerárquicamente en Pedro y en el Colegio de los Doce, la Apostolicidad forma la espina dorsal de su constitución, la garantía de su continuidad, la condición de su fecundidad.

Afirma la Sagrada Escritura que Jesús estableció su Iglesia sobre la roca de Pedro y sobre el fundamento de los Apóstoles (Mt. 16, 18-19; Efes. 2, 20; Apoc. 21, 14) y la historia de la Iglesia naciente, narrada en los Hechos, nos muestra a los Apóstoles en el ejercicio de su misión, en la predicación de una doctrina transmitida por el Maestro, en la aplicación de los medios de salvación instituidos por Él, en la imposición de una autoridad derivada de Él. Con el mismo fin de enseñar, santificar y gobernar se crearon sucesores. La Apostolicidad implica por lo tanto una continuidad  legítima de sucesión con la cátedra ocupada por Pedro y el Colegio Apostólico con la conservación de la misma doctrina, de los mismos sacramentos, del mismo régimen. La Apostolicidad es como la teoría ininterrumpida de los Papas (sucesores de San Pedro) y de los Obispos (sucesores de los Apóstoles), que se transmite la antorcha de la misma fe a través de las edades, el cáliz de la misma sangre de Cristo, el báculo de la misma autoridad. «Como las primeras ramas de un árbol no mueren, sino que se renuevan y prolongan, difundiendo su fuerza vital a las partes nuevas, así sucede en la Iglesia con la sucesión de sus pastores. En ella el colegio episcopal se renueva de tiempo en tiempo, pero difundiendo y prolongando la vida apostólica. La Apostolicidad, pues,  de la Iglesia no es para nosotros un hecho remoto o pasajero, sino presente actualmente, porque la vida que hoy tiene la Iglesia pasa de Cristo a sus Apóstoles, de los Apóstoles a sus legítimos sucesores y de éstos a nosotros.» (Card. Capecelatro.)

Distínguese la Apostolicidad formal, que es la que acabamos de describir y la Apostolicidad material, que, aunque importa un origen apostólico, se halla falta de legítima continuidad, por haberse separado de Pedro, viviente en el Romano Pontífice, a quien están sujetos los Obispos, como los Apóstoles lo estuvieron a Pedro.

La Iglesia oriental cismática, llamada «ortodoxa», sólo posee la Apostolicidad material.

(Parente, Pietro; Piolanti, Antonio; Garolafo, Salvatore. Diccionario de Teología Dogmática. Barcelona: Editorial Litúrgica Española, 1955)