La Casa modelo (Año Sacro)

Un Decreto del Papa Benedicto XV fijó para el domingo dentro de la Octava de la Epifanía, fiesta especial con Rezo y Misa propios en obsequio a la Sagrada Familia, que hasta hace poco en esta forma no los había tenido.

Quiere la Iglesia que además de los días consagrados al Infante Jesús, a su Madre Santísima y al Patriarca San José, se haga recuerdo especial de todos ellos como colectividad, es decir, como familia-tipo, como ejemplar y modelo de lo que debe ser, según Dios y el Evangelio, la Casa cristiana de nuestros tiempos.

IMG_20181220_193444.jpgEn este concepto se venera en dicha fiesta al Hijo de Dios como hijo de familia, a María como madre de familia, a José como padre y jefe de familia, y se recuerdan y otra vez se ofrecen a consideración del mundo distraído de hoy lo que han de ser los padres, las madres y los hijos, en su condición de tales, en sus respectivos mutuos deberes, y en el deber de todos juntos, de obediencia, reverencia y asistencia para con Dios Nuestro Señor.

Vemos hoy rotos los lazos del amor y del respeto en la sociedad doméstica porque faltan en ella el amor y respeto debidos a la ley de Dios. Apenas hay ya padres que merezcan este nombre; apenas hay ya hijos; apenas hay ya esposos. La casa moderna, en muchos puntos, más que un hogar parece un hotel, si es rica o un figón, si es pobre. Allá se va a comer y dormir como de paso, y aun eso no siempre, y pare usted de contar. Desterrado Dios de esas casas a la moderna, han emigrado con Él todas las hermosas cualidades que constituían sagrada como un templo la antigua morada de la familia, y la hacían amable y deleitosa como un pedazo iluminado de cielo en medio de las amarguras y lobregueces de la tierra.

¡Santa Casa del Hijo de Dios, hecho por nuestro bien y para nuestro ejemplo Hijo del Hombre! ¡Vuelve a ser Tú, como en mejores tiempos fuiste, nido bendito del cristiano amor y de las más puras alegrías del pueblo fiel; archivo de sus más bellas tradiciones; arca de sus más nobles afectos; sagrario del más encendido culto a Dios, a la patria, a lo delicado de la niñez, al pudor y recatos del sexo débil, a la augusta majestad de los ancianos! ¡Todo lo bello, todo lo noble, todo lo respetable del humano linaje tenía en ti su asiento y privilegiado altar, hoy por todas partes vilmente hollado, profanado, escarnecido!

Eso tuvo presente la Iglesia al renovar con la fiesta de la Sagrada Familia el hermoso ideal de la antigua familia cristiana, a la que anhela reconducir otra vez al mundo, hijo pródigo y prófugo de ella, y como tal cada día más culpable y cada día más desventurado.

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¡Hermosa, feliz y bienhadada Familia que formaban el Hijo de Dios, la Madre de Dios y el Esposo castísimo de la Virgen Madre de Dios!

¡Tres corazones unidos en un solo amor, en un solo ardiente anhelo: el de la divina gloria y el de cumplir en todo la voluntad celestial!

¡Tres almas que un solo pensamiento animó: el de cumplir en la tierra la elevada misión para la que fueron en ella colocadas!

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Una pobre pero devota familia cristiana, imitación de aquella de Nazaret.

No faltaron sufrimientos a la Sagrada Familia: pobreza, persecución de poderosos, destierro, la muerte al fin. Como en tu casa amigo trabajador; como en la tuya, opulento propietario; como en todas las de los nacidos de mujer, quienquiera que seas el que esto estás leyendo. Fue la cruz el patrimonio del Hijo de María, y de ella no eximió a Aquél ni a su Madre Santísima, ni a su tan querido Padre putativo y develado protector. Mas había también allí la fe en Dios que todo lo vence, el mutuo sobrenatural amor que todo lo aligera, la perfecta resignación que todo lo endulza, la esperanza indefectible que todo lo contrapesa, la continua oración que todo lo ilumina.

Eres rico, y tienes tal vez en tu hogar abundancia, y aún tal vez ricos muebles y costosas alhajas, y quizá hasta incalculables tesoros…, mas no tienes la paz de Dios, porque no la da Dios a los hogares y familias que le rechazan de sí como dueño importuno y molesto, a quienes turba e incomoda su santa ley.

¡Ricos sin Religión, no reinará en vuestro hogar la dicha tranquila y serena de la casa del glorioso San José!

Empero quizás eres pobre, y sufres privaciones mil y recios trabajos y vida apenada y dura… y maldices lo que llamas tu negra suerte… y blasfemas de la Providencia y de la sociedad… y vives del rencor a ambas y de las falsas promesas con que te enardecen y engañan embusteros apóstoles de igualdad social y de mentirosa fraternidad de odios… Y no, no eres feliz en tu pobreza como lo era en la suya el pobrecito obrero San José, aceptando paciente y sumiso la ley del sufrimiento, y acatando en todo la voluntad de Dios.

¡Pobres sin Religión, que os hacéis anticipado infierno la existencia vuestra acá en la tierra, con la cual tan fácil o sería granjearos la herencia del cielo!

¡Familia modelo del Hijo de Dios, de la Madre de Dios y del Esposo castísimo de la Virgen Madre de Dios, sed otra vez para todos tipo y ejemplar de la familia cristiana, que nuestros desventurados tiempos apenas conocen ya!

(Sardá y Salvany, D. Félix; Año Sacro, Tomo I. Barcelona: Editorial Ramón Casals, 1954)