Americanismo (Diccionario de Teología Dogmática)

Americanismo:

Término que se extendió a fines del siglo pasado para designar el movimiento nacido de las ideas y de los métodos del Padre P. Hecker, fundador de la sociedad americana de Misioneros Paulistas.

hecker
El P. Isaac Hecker, padre de la herejía americanista.

Este sacerdote americano conocedor de las exigencias psicológicas, de la mentalidad y del carácter de su pueblo, exuberante, ávido de absoluta libertad individual, insensible a las abstracciones teóricas y amante en cambio del Pragmatismo, arrastrado por las riquezas naturales del país a un sentido hedonista de la vida, había tratado de adaptar, sin excesivas preocupaciones dogmáticas, la religión católica al espíritu de sus connacionales. Sus tentativas tuvieron eco en Europa y así se determinó aquella corriente a la que se dio el nombre de Americanismo. Más que de un sistema se trata de una tendencia concretada en algunos principios de índole práctica sin organicidad ninguna.

León XIII, conocido el peligro, envió una Carta Apostólica «Testem benevolentiae» al Card. Gibbons (1889) y por su medio a todo el Episcopado de los Estados Unidos. En este documento pontificio se ponen de relieve los principales errores del Americanismo: necesidad de una adaptación de la Iglesia a las exigencias de la civilización moderna, sacrificando algunos cánones anticuados, mitigando la primitiva severidad, orientándose hacia un método más democrático: conceder más amplitud a la libertad individual tanto en el pensamiento como en la acción, teniendo en cuenta que más que la organización jerárquica obra sobre la conciencia del individuo directamente el Espíritu Santo (influjo del protestantismo); abandonar o no dar mucha importancia a las virtudes pasivas (mortificación, penitencias, obediencia, contemplación) y preocuparse principalmente de las virtudes activas (acción, apostolado, organización); favorecer entre las congregaciones religiosas las de vida activa. El Papa después de este sereno examen concluye con estas graves palabras: « Nos no podemos aprobar estas opiniones que constituyen el llamado Americanismo.» No hace falta comentario alguno.

Prescindiendo de las intenciones de los americanistas, ciertamente su posición doctrinal y práctica no se armoniza fácilmente con la doctrina y el espíritu tradicional de la Iglesia, antes bien abre, cuando menos, el camino a errores teóricos y prácticos, entre los que merece señalarse la preferencia atribuida al activismo, en tanto que Jesucristo y todos los Santos dieron más importancia a la oración y a la vida interior, de las que depende el éxito de todo el apostolado cristiano.

Recientemente F. Klein, profesor del Inst. Cat. de París, publicó un grueso volumen con el título: L’Américanisme, herésie fantôme, en el cual el autor, que ya en 1897 había traducido The life of F. Hecker, de Elliot (ocasión de la carta de León XIII), trata de demostrar que el Americanismo condenado por el Papa no ha existido nunca. Evidente exageración no exenta de impertinencia.

(Parente, Pietro; Piolanti, Antonio; Garolafo, Salvatore. Diccionario de Teología Dogmática. Barcelona: Editorial Litúrgica Española, 1955)