Homilía del IIº Domingo de Adviento

Homilía del IIº Domingo de Adviento por D. Francesco Ricossa, iglesia de San Luis Gonzaga en Albarea (FE), 9 de diciembre del 2018.

En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Alabado sea Jesucristo, sea por siempre alabado.

Habéis escuchado la epístola de San Pablo a los romanos, en la que nos recuerda como se realizan en Jesucristo, mediante su Encarnación, las profecías del Antiguo Testamento que hablan de la conversión de los gentiles. ¡Quien las creyera, entonces! Sin embargo, así sucedió en los siglos siguientes con la venida de Jesús.

Por otro lado, el pasaje del Evangelio nos recuerda este Domingo, como también nos lo recordará el próximo Domingo, el personaje de Juan Bautista, el Precursor, enviado por Dios -como recordamos al final de cada Misa en la lectura del Evangelio según San Juan- para preparar el camino a Jesucristo. También nosotros estamos ya cerca de la fiesta de Navidad y debemos prepararnos, como los hebreos de entonces, para la llegada de Jesucristo. Y para ello no hay otro camino que aquél que indicaba el Bautista, esto es, el de hacer penitencia por nuestros pecados. De hecho hay un evidente contraste entre San Juan Bautista y el que fue su perseguidor, Herodes Antipas y, más aún con Herodías y Salomé, que pidieron la cabeza de Juan Bautista. El mismo contraste entre Jesucristo y el mundo.

ct-hoy-8480558-miles-visitan-los-restos-de-santa-maria-goretti
Una niña rezando ante el cuerpo de Sta. María Goretti.

Y ahora, para ilustrar esta afirmación del Evangelio -sobre la cual volveré-, podemos tomar como ejemplo una noticia reciente, sucedida ayer en la discoteca de Corinaldo con la muerte de esos chicos tan jóvenes y una madre también joven*. Realmente es un hecho muy triste y debemos rezar por estos difuntos, por el sufragio de sus almas. Me ha chocado que el suceso haya tenido lugar justamente en el pueblecito que fue el lugar de nacimiento de Santa María Goretti. Creo que nadie ha hablado de ello, a parte de alguno aquí ayer en la sacristía. No obstante, en la televisión y en la prensa nadie lo ha relacionado. Pues bien, esta santa que fue canonizada si no me equivoco por Pío XII, nació en este pobre pueblecito, emigrando después con sus padres al Agro Pontino, donde lamentablemente todavía existía la malaria, en búsqueda de una situación económica más favorable. Pero no murió por la malaria, como ya sabéis, sino que murió por culpa de un joven de una familia cercana a los Goretti, éste ardía de pasión por ella y trató de abusar de ella. Santa María Goretti no solamente se opuso, sino que se negó por un motivo de Fe. Así lo dijo: “No, no quiero porque es un pecado y me lleva al infierno”. Estas palabras provocaron el odio y la venganza en este desdichado que acabó matándola. Después se arrepentiría, haría penitencia, pasando por la cárcel y transcurriendo el resto de su vida como hermano lego, creo que en un convento de franciscanos. Haciendo penitencia el resto de su vida y rezando a Santa María Goretti, fue perdonado incluso por la madre de esta pobre joven, mejor dicho, esta santa y beata.

Bien, y ¿Por qué digo esto? Para ver la diferencia entre una adolescente que fue santa por defender la virtud, la pureza, su virginidad y en nombre de la Fe (“me lleva al infierno”, dijo) consciente de que el pecado conduce a la condenación eterna; y por otro lado, tantísimos jóvenes que en la Fiesta de la Inmaculada Concepción, por la noche, llenaron esa discoteca. Alguno dirá que son cosas de jóvenes, que en el fondo no había nada de malo… Pero iban a escuchar a un cantante que iba a difundir sus ideas, por llamarlo de alguna manera, que son diametral y lamentablemente contrarias al Evangelio y acabaron siendo víctimas de ese accidente.

tragedia-corinaldo-vittime-650x611
Algunas de las víctimas de la discoteca de Corinaldo.

Fijaos que nosotros, con el Adviento, nos estamos preparando no solamente a la venida de Jesús el día de Navidad. El día de Navidad ya sabemos cuando será y que vendrá ese día, el 25 de diciembre. Pero, ¿Cuándo vendrá el Señor a juzgarnos a cada uno de nosotros? No los sabemos. Se hace difícil pensar que con catorce años deberá dar uno cuentas a Dios de sus actos, y no obstante para ellos, tristemente, así ha sido. A una edad tan joven, en la flor de la juventud, se han encontrado de forma imprevista e impensable con que han de dar cuentas a Dios de sus vidas. Y realmente, observándolo desde este punto de vista, no es agradable morir en esas circunstancias.

Vemos entonces, como por un lado encontramos el espíritu del mundo, y al otro, todo lo contrario, el espíritu del Evangelio y de Jesucristo. Santa María Goretti estaba con el espíritu del Evangelio y su asesino con el espíritu del mundo. Del mismo modo, Herodes Antipas estaba con el espíritu del mundo, puesto que vivía lujuriosamente (vivía con la mujer de su hermano), hecho por el que fue reprobado públicamente por San Juan Bautista. Herodes era un adúltero, no solo en su vida privada sino públicamente, ya que en cuanto rey debería haber dado ejemplo al resto. Tal fue el odio que desencadenaron las palabras del Bautista, que Herodías, la adúltera, y su hija, le pidieron la cabeza del Bautista y de esta forma callarlo. Así, en la corte de Herodes había cortesanos que buscaban complacer a su señor, hacer carrera, buscar los bienes de este mundo, exhibir su mundana elegancia, etc. En cambio, el Bautista era todo lo opuesto, nos lo dice Jesús: “¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? Mas, ¿qué salisteis a ver? ¿Un hombre vestido con ropas finas? Mirad, los que usan ropas finas están en los palacios de los reyes.…” Esta es la diferencia entre el Bautista y los mundanos.

Y lo mismo ocurre con Jesús, que nos dice: “Dichoso el que no se escandalice de mí”. ¿A qué se refiere? En la vigilia de su Pasión, Jesús dice a los mismos apóstoles: “Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche”. Esto es, que se avergonzarán de la Pasión de Jesús. Mientras Jesús hacía milagros y le seguía la multitud que lo aclamaba como al Mesías ellos se sentían orgullosos de ser los apóstoles, de ser los más cercanos y de conocer mejor a Jesucristo. Por ello trataban de ocupar los primeros sitios, como Juan y Santiago -que fueron dos grandes santos- que a través de su madre pidieron a Jesús ocupar los primeros lugares, uno a la derecha y otro a la izquierda de Jesús en su Reino. En cambio, cuando Jesús será despreciado, humillado, tratado como un bandido y como un criminal, acusado de blasfemo y humillado con la terrible muerte de la Cruz, en esos momentos, los apóstoles huirán. Incluso Pedro, que amaba tanto a Jesús -y lo amará después también- tiene un momento de extravío y se avergonzará de conocer a Jesús, fingirá no conocerlo.

Ved por lo tanto, como en la corte de los hombres se encuentran las personas mundanas que buscan el éxito, la gloria de este mundo y el placer de esta tierra. Mientras a los pies de la Cruz de Jesús, ¿Quién estaba? Un puñado de personas: la Virgen Santísima, San Juan, la Magdalena, María de Cleofás, la madre de San Juan y parece que nadie más. Y, ¿El resto dónde estaba? El resto se avergonzaba de Jesús, habían huido de la ignominia y la vergüenza de la Cruz, eso pensaban.

También nosotros en nuestra vida nos encontramos con un punto de inflexión. ¿Qué esperamos realmente en esta vida? ¿Los placeres de esta tierra, los aplausos y alabanzas del mundo…? Todo esto lo buscan, entre comillas, aquellos que quieren estar en la corte del rey, allí donde se está bien. O, ¿Queremos en cambio, seguir a Jesucristo por el camino estrecho de la Cruz? Esta es la cuestión frente a la que nos encontramos y que deberemos tener presente en todo instante de nuestra vida.

Y a veces nosotros, como Pedro, incluso con sinceridad, estamos dispuestos a decir: “Señor, yo por ti iré hasta la cárcel, hasta morir.” Estamos dispuestos a morir por Jesucristo, ¡Cómo no! No nos cuesta nada decirlo. Pero si en cambio debemos consagrar a Jesucristo las 24 horas de la jornada o tan solo unos minutos, seguramente ya no somos capaces de ello. Quisiéramos dar la vida por Él, pero luego en lo concreto de nuestra vida cuando se nos pide mucho menos no somos capaces de hacerlo. No somos capaces de hacer un pequeño gesto de generosidad para con Jesucristo: una renuncia, un sacrificio, pasar un poco de tiempo con Él, dedicarle un poco de nuestro día, de nuestra existencia… De esto no somos capaces, en cambio de toda la vida sí -de palabra-, pero de dedicarle cualquier momento de nuestra existencia, en la realidad, no.

Vemos como tristemente una cosa son las palabras y otra la realidad. Todavía tenemos tiempo para cambiar nuestra conducta, de no ser cristianos solo de palabra sino en la realidad y de buscar realmente la ignominia y el escándalo de la Cruz, y no la sabiduría de este mundo. Y esto lo podemos hacer preparándonos para la fiesta de la Navidad que ya está cerca.

Pidamos, por lo tanto, a la Virgen Inmaculada que hemos celebrado hoy, y -como dije ayer- pedirle este odio al pecado y al espíritu mundano, espíritu mundano que tienen también muchos que se llaman “tradicionalistas”, “defensores de la tradición”… Pero quieren huir cuánto más lejos sea posible de la ignominia y de la vergüenza de la Verdad, buscando en cambio el ser apreciados y bien considerados, si no por todo el mundo al menos por un cierto mundo; no queriendo ser humillados por su propia Fe, pero se avergüenzan de su Fe, sino en todo por lo menos en parte. Buscan estar un poco con el Bautista y un poco con Herodes, y así no disgustar demasiado a la corte de Herodes, aunque al mismo tiempo quisieran decir las cosas que dice San Juan Bautista.

001_uncatolicoimgcat
“Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán” (Lc., 13:24)

No debemos ser así, porque como os he dicho los caminos son dos: el camino ancho y espacioso que conduce a la perdición, y por el otro lado, el camino estrecho y difícil que conduce a la salvación. No hay pues un tercer camino que permita pasar de uno a otro o que sea un camino intermedio entre estos dos. El Evangelio nos presenta solamente estos dos y no tres. Por lo tanto, abracemos con valor el camino de la Cruz que después nos llevará a la Felicidad Eterna, a la verdadera beatitud que colma el corazón de alegría ya en esta vida y más aún en la otra. Mientras, no obstante, el camino de los mundanos es todo apariencia e ilusión, pero en realidad no hay otra cosa que amargura y ningún tipo de consolación verdadera, ya que donde no está Dios no hay nada.

Preparémonos, pues, en este tiempo de Adviento y estemos siempre preparados, porque el Señor no nos ha dicho cuando vendrá. Por ello no debo prepararme mañana, sino hoy, ahora es que debo estar preparado para su llegada.

En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

*Se refiere aquí D. Francesco al accidente sucedido en una discoteca de Corinaldo (Italia) en la madrugada de la Fiesta de la Inmaculada, donde murieron seis personas, varias de ellas adolescentes, debido a una avalancha ocasionada por alguien que roció con gas pimienta el interior del local.