La Encíclica que condenó el Modernismo (IV)

La Pascendi: una obra maestra de la teología.

Veamos ahora el contenido de la encíclica, inspirándonos mayormente en la excelente síntesis hecha por el padre Francesco Maria Bauducco, en el Dizzionario Ecclesiastico  de la UTET (19).

El documento, después de haber recordado el oficio del Sumo Pontífice de custodiar con extremada vigilancia el depósito de la fe, presenta la exposición de los errores, de las causas y de los remedios del Modernismo.

I. Los errores

La primera parte, más difundida, nos presenta al modernista bajo seis aspectos: el de filósofo, creyente, teólogo, histórico-crítico, apologista y reformador.

descenso-de-los-modernistasa) El modernista filósofo profesa dos doctrinas: una “negativa”, el agnosticismo, por el cual la razón humana recurre solamente al fenómeno; la otra “positiva”, la inmanencia, la cual explicaría el conocimiento y todo fenómeno vital por medio de una razón determinante intrínseca al hombre, como la “necesidad”; así explicarían la fe, la religión y la revelación. De esta manera mientras el dogma para la fe es “símbolo” — véase una expresión inadecuada, una imagen de la verdad—, para el creyente es “instrumento”, vehículo de verdad, por lo que es mutable (evolución de los dogmas).

b) El modernista creyente está constituido por la experiencia del sentimiento religioso, del cual deriva que toda religión es verdadera.  Comunicar a los otros tal experiencia se llama “tradición”. Entre ciencia y fe hay una separación en cuanto al objeto: para la primera será el fenómeno y para la segunda la realidad divina. No obstante, la fe estará sujeta a la ciencia.

c) El modernista teólogo admite, dependiendo de la filosofía modernista: el simbolismo (= las representaciones de la realidad divina son simplemente símbolos), la inmanencia (= experiencia privada), la permanencia de lo divino (= experiencia transmitida por tradición). Según él: la doctrina de los “necesarios” explica el origen no solo de la fe, sino también del dogma, del culto, de los sacramentos, de la Sgda. Escritura (= recopilación de las experiencias extraordinarias habidas en cada religión), la Iglesia (= fruto de dos necesidades: una, del creyente, de comunicar a los demás la propia fe; otra, de asociación en la colectividad, después de que la fe sea común para muchos. La Iglesia forma parte de la “conciencia colectiva” de la cual se derivan y dependen las tres autoridades: disciplinaria, dogmática y cultural. Ella está separada por su mismo fin del Estado, del cual, no obstante, depende en las cosas temporales).

La evolución de todas estas cosas es el resultado del conflicto de dos fuerzas: una progresiva, que se encuentra en las conciencias individuales y está formada por las necesidades; la otra conservadora, que se encuentra en la Iglesia y consiste en la tradición y está ejercitada por la autoridad religiosa.

d) Para el modernista histórico-crítico, siempre dependiente del filósofo: Por un lado, el agnosticismo destierra a Dios y todo acontecimiento divino de la historia, y — solo satisfecho con los fenómenos — atribuye a la fe la “transfiguración” y el “falseamiento” de los hechos contraponiendo de esta forma al Cristo, a la Iglesia y a los sacramentos “de la historia” en su aspecto humano, frente al Cristo, a la Iglesia y a los sacramentos “de la fe” en su aspecto divino.

Por otro lado, el inmanentismo  quiere explicar los orígenes  y dividir los documentos según las “necesidades”, que él supone inmanentes a la Iglesia; el evolucionismo pretende aclarar los cambios y los acontecimientos: historia y crítica apriorísticas.

e) El modernista apologista, queriendo generar en el incrédulo la experiencia del Catolicismo abre dos caminos: uno objetivo, con la aplicación del agnosticismo. El cual quiere probar la existencia de lo desconocido, de lo incognoscible o lo divino, como fenómenos de vitalidad de la Iglesia; el otro camino subjetivo, con la aplicación de la inmanencia. Ésta pretende demostrar como algo inmanente en nosotros la necesidad de lo sobrenatural, del mismo catolicismo.

f) El modernista reformador quiere modificar la enseñanza y la doctrina, el culto, el gobierno, la moral, etc., sin dejar nada intacto. Es por ello que la encíclica define el modernismo como “síntesis de todas las herejías” y lo rebate en sus puntos fundamentales.

II. Las causas.

La segunda parte expone las causas “morales” (curiosidad y soberbia) y las “intelectuales” (ignorancia y el llamado defecto de filosofía escolástica); denuncia la táctica en contra del método escolástico, de la Tradición y los Padres, del magisterio eclesiástico y de los católicos defensores de la Iglesia; revela la propaganda a través de diversos medios.

III. Remedios.

La tercera parte apunta los remedios: formación filosófico-teológica según el método escolástico, juntamente con una justa medida de teología positiva y otros estudios profanos; elección de los rectores y de los docentes en los seminarios e institutos católicos; aplicación de medidas contra la lectura, venta, impresión de libros infectados de Modernismo; precauciones sobre los congresos sacerdotales; consejo de vigilancia para todas las diócesis; informe trienal demandado a los obispos y superiores generales de las órdenes religiosas.

La encíclica se cierra con la afirmación de que la Iglesia no es enemiga de la ciencia y del progreso, e invocando la ayuda de Jesucristo y de la Virgen.

En cuanto al valor dogmático de la encíclica, ésta debe aceptarse, al menos, como un documento doctrinal de obligada adhesión, puesto que supone un acto del magisterio pontificio ordinario.

(Carandino, D. Ugo. L’Enciclica che condannò il Modernismo. Amicizia Cristiana, 2005) Traducido por Propaganda Católica.


19) Dizionario Ecclesiastico, UTET, Torino 1958, voce Pascendi, p. 90.